Somos literalmente incapaces de interpretar la realidad sin pensar en las historias que leímos o nos contaron, en las películas que vimos, en las canciones que escuchamos. La ficción repercute hondamente en nuestra idea de la realidad y en nuestra participación en ella.
Una de las frases del brillante discurso que pronunció Andrés Neuman tras recibir el Premio Alfaguara de Novela.
27 de mayo de 2009
24 de mayo de 2009
La contención narrativa
He vuelto a ver Ficción, de Cesc Gay.
Todo un ejemplo de contención, eso que hace poco me decía el escritor Salvador Navarro que ha tratado de buscar en su última novela publicada, Andrea no está loca (C&M, 2008), eso que tantas veces se nos desboca a los escritores, eso que debe tener todo buen cuento.
Una historia de amor (y vuelvo a Ficción) que apenas llega a consumarse (en un beso digno de un post en Cine para usar el cerebro, y queda lanzado el cebo), contada a través de una sucesión de sutilezas maravillosas por evocadoras y afinadas. Estoy seguro de que una de las películas que el director tenía en la cabeza era Breve Encuentro, de David Lean, otra joya de la tensión contenida.
Todo un ejemplo de contención, eso que hace poco me decía el escritor Salvador Navarro que ha tratado de buscar en su última novela publicada, Andrea no está loca (C&M, 2008), eso que tantas veces se nos desboca a los escritores, eso que debe tener todo buen cuento.
Una historia de amor (y vuelvo a Ficción) que apenas llega a consumarse (en un beso digno de un post en Cine para usar el cerebro, y queda lanzado el cebo), contada a través de una sucesión de sutilezas maravillosas por evocadoras y afinadas. Estoy seguro de que una de las películas que el director tenía en la cabeza era Breve Encuentro, de David Lean, otra joya de la tensión contenida.
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El tiempo de una novela
El día que termine la novela y me pregunten cuánto tiempo he empleado en escribirla, tengo clara la respuesta: 28 años (aproximándome con peligro a los 29).
23 de mayo de 2009
Evocaciones gombrowiczianas

Quién me iba a decir a mí que leyendo a Gombrowicz iba a evocar cierta figura política. Hablo de Ferdydurke, de la edición del Círculo de Lectores del año 1974, traducida directamente por Anna Rubió y Jerzy Slawomirski a partir de la edición polaca, ignorando la primera traducción al castellano que hiciera el propio Gombrowicz en el Café Rex de la calle Corrientes a mediados de los años cuarenta, rodeado y ayudado por una cohorte de amigos y admiradores. En ella puede leerse:
¿Qué se puede esperar de un hombre que ha recibido tres calabazas consecutivas y cada vez de manera más imfame? Un hombre así arreglado, ¿no debería marcharse, esconderse en algún lugar, donde no lo vean? ¿Puede ser sana la insuficiencia que, ávida de honores, desfila en pleno día? ¿Cómo queréis que no le dé hipo a la naturaleza?
Cambiando de tercio, en el capítulo cuarto de la misma novela -todo un ensayo contra la Forma y lo establecido-, escribe el autor polaco-argentino sobre lo que rodea al Arte:
La obra sale a la calle, llega al lector, y lo que ha sido engendrado a fuerza de sufrimiento total y absoluto se recibe muy parcialmente, entre una llamada telefónica y una chuleta de cerdo. Aquí, el escritor que nos nutre con su alma, su corazón, su arte, su trabajo y su sufrimiento; allí, el lector que no quiere, y si quiere, quiere como quien no quiere, quiere hasta que suena el teléfono [...] ¿No véis, pues, cuántos factores de los más diversos y a menudo extraestéticos (la enumeración de los cuales podría prolongarse monótonamente hasta el infinito) conforman la grandeza del artista y de su obra?
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20 de mayo de 2009
Las ideas
Opinaba Azcona, uno de los mejores guionistas que ha sufrido España, digamos que uno de los más persistentes, decía él, que no hace falta tomar notas. Si una idea es buena, volverá. Y es cierto, a mí me ha pasado algunas veces al escribir (aunque mis ideas no son tan buenas como las suyas). Ahora mismo acaba de pasarme. Aún así anoto.
6 de mayo de 2009
Sobre la Nouvelle Vague
Fragmento del artículo de Rodríguez Rivero en El País:
Aquellos cineastas que concebían su oficio como una moderna forma de escritura y la cámara como una pluma estilográfica (aunque rechazaban los guiones cerrados y prolijos) fueron también responsables de un cambio de actitud hacia el cine que anulaba las fronteras entre película-espectáculo y película-arte, entre la "baja" y la "alta" cultura cinematográfica. Más allá de sus excesos, la política de autor que preconizaban convertía al realizador en el auténtico creador y responsable de la película, tanto si había trabajado bajo la disciplina de los estudios (Hitchcock, Ford, Fuller, Ray) como si era un artista "independiente" (Rossellini, Welles, Bresson). Los muchachos de la Nouvelle Vague intentaron un cine nuevo y atento a la realidad del mundo a mediados del siglo XX. Cincuenta años después, sus mejores películas siguen rezumando frescura. Y verdad.
Aquellos cineastas que concebían su oficio como una moderna forma de escritura y la cámara como una pluma estilográfica (aunque rechazaban los guiones cerrados y prolijos) fueron también responsables de un cambio de actitud hacia el cine que anulaba las fronteras entre película-espectáculo y película-arte, entre la "baja" y la "alta" cultura cinematográfica. Más allá de sus excesos, la política de autor que preconizaban convertía al realizador en el auténtico creador y responsable de la película, tanto si había trabajado bajo la disciplina de los estudios (Hitchcock, Ford, Fuller, Ray) como si era un artista "independiente" (Rossellini, Welles, Bresson). Los muchachos de la Nouvelle Vague intentaron un cine nuevo y atento a la realidad del mundo a mediados del siglo XX. Cincuenta años después, sus mejores películas siguen rezumando frescura. Y verdad.
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Funciones de la novela
Kundera en una conversación con Roth (Philip) reproducida en el libro El oficio:un escritor, sus colegas y sus obras:
Una novela no afirma nada: una novela busca y plantea interrogantes […] La estupidez de la gente procede de tener respuesta para todo; la sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo […] El novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta […] El mundo totalitario es un mundo de respuestas en vez de preguntas. En él no tiene cabida la novela […] La gente prefiere juzgar a comprender, contestar a preguntar. Así, la voz de la novela apenas puede oírse en el estrépito necio de las certezas humanas.
Hay altivez en estas palabras, sí (me imagino a Roth y Kundera hablando en un café y creo que podría llegar a ser insoportable esa superioridad sobre el resto de mortales que a veces parecen desprender ciertas declaraciones de estos dos escritores, ambos entre mis más admirados por sus libros). Pero también hay verdad, y material para la reflexión, por eso lo incluyo, para que paséis y leáis, que es la única razón de ser de este blog. En especial me quedo con lo resaltado en negrita. Muy cierto.
Una novela no afirma nada: una novela busca y plantea interrogantes […] La estupidez de la gente procede de tener respuesta para todo; la sabiduría de la novela procede de tener una pregunta para todo […] El novelista enseña al lector a aprehender el mundo como pregunta […] El mundo totalitario es un mundo de respuestas en vez de preguntas. En él no tiene cabida la novela […] La gente prefiere juzgar a comprender, contestar a preguntar. Así, la voz de la novela apenas puede oírse en el estrépito necio de las certezas humanas.
Hay altivez en estas palabras, sí (me imagino a Roth y Kundera hablando en un café y creo que podría llegar a ser insoportable esa superioridad sobre el resto de mortales que a veces parecen desprender ciertas declaraciones de estos dos escritores, ambos entre mis más admirados por sus libros). Pero también hay verdad, y material para la reflexión, por eso lo incluyo, para que paséis y leáis, que es la única razón de ser de este blog. En especial me quedo con lo resaltado en negrita. Muy cierto.
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