31 de enero de 2010

Historia de un intento o cómo guardar las formas

La lluvia caía tras los cristales con una monotonía especialmente melancólica mientras yo, sentado en una silla de tela azul, concentrado frente al papel reciclado (de un color que me recordaba al envoltorio en el que mi madre guardaba siempre el pescado), trataba de escribir una de esas largas novelas de chimenea y sillón orejero, al estilo de los grandes maestros rusos y franceses, con largas descripciones en las que se daba cuenta del más nimio detalle que afectase al paisaje, a la disposición de una habitación o a los vericuetos de un alma humana. Luego, a medida que escribía, la narración me imponía una novela más contenida, doscientas, trescientas páginas, de esas que se leen de dos o tres sentadas (a cien páginas por sentada). Después vislumbré una novela corta, una distancia que me gustaba como lector. Pero a medida que el desenlace se acercaba, el cuento se me presentó como la mejor solución. Al final me ha salido esto.
Leo Mares. Sevilla, 2010.

3 comentarios:

Pantas dijo...

..mu sugerente de los condicionamientos o circunstancias materiales e intelectuales de la actividad del escritor..
y gracias por escribir.

leo mares dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
LEO MARES dijo...

Gracias a ti por leer, Pantas :-)