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11 de marzo de 2020

Continuo espacio-temporal

Siempre me han gustado las desapariciones. Las voluntarias, naturalmente. Siempre me han parecido muy saludables. Y, en cierto modo, una cortesía. Lo mismo que las huidas. Las propias y las ajenas. De vez en cuando, es preciso poner distancia por medio. Tiempo por medio. Y recomponerse en soledad. Somos criaturas anhelantes y fugitivas. Necesitamos avanzar en pos de algo. Seguir la estrella de alguna vana fantasía, por supuesto que sí. Pero a la vez, necesitamos escapar, quitarnos de en medio, no estar siempre a tiro, siempre a tiro.

Insomnio, Fernando Luis Chivite

16 de junio de 2010

Insomnio, de Chivite (III)

LA FELICIDAD
Por supuesto que al final siempre nos sentimos solos y un poco decepcionados. Pero ése no es el problema. Eso es, sencillamente, inevitable. Además, la soledad no tiene por qué ser tan terrible. El verdadero problema ahora es la felicidad. Esa obsesión. La maldita felicidad ha adquirido un protagonismo asombroso. En particular, como cuestión permanentemente irresuelta. Como algo inaplazable y urgente.
Tengo la impresión de que todo el mundo anda ahora muy preocupado con su felicidad. Alguien, alguno de esos avispados filósofos de masas, ha estado por ahí diciendo que tenemos la obligación de ser felices, y ha organizado una buena. De modo que ves a toda esa gente preguntándose: ¿soy feliz?, ¿soy realmente feliz?, ¿qué se supone que debería hacer ahora, más temprano que tarde, para ser todavía más feliz de lo que soy? Les ves haciéndose esa clase de preguntas y no puedes menos que pensar que aquí está fallando algo.

(Capítulo 29: de la felicidad)

13 de junio de 2010

Insomnio, de Chivite (II)

LA PATRIA
Aunque la palabra patria suele tener a menudo feos compañeros de parranda. Por un lado, esas ceremonias insufribles donde se recitan poemas y se entonan cancioncillas (o bien penosamente tiernas o bien demasiado feroces). Y, por otro, la empedernida jauría de patriotas que enarbolan estandartes, gritan ¡viva! Y hacen exhibiciones de puntería. Esto vale, desde luego, para todas las patrias. Es más bien lamentable, pero siempre ha sido igual.
(Capítulo 21: de la nostalgia)


LO SIENTO: no sé cómo hacer para que que no me edite los videos cortados por la mitad de la pantalla... ¿O sólo me pasa a mí?

11 de mayo de 2010

Insomnio, de Chivite (I)



No es fácil provocar tantas reflexiones en 210 páginas sin resultar demasiado metafísico. Fernando Luis Chivite lo consigue en Insomnio (Acantilado, 2006) mediante 76 capítulos cortos y una sintaxis sencilla y directa que contrasta con el tono existencial de la novela, por la que planean el pesimismo (herencia de Bernhard), la contradicción, el dolor.



El narrador es un escritor que se parece a Chivite, un escritor que salió a buscar a Vallejo, Pessoa, Rilke, Trakl, y ha llegado a columnista de periódicos. Un escritor-narrador insomne, cuarentón, sin éxito literario, firme defensor del pesimismo irónico frente a la melancolía y la tragedia de la vida. Un escritor, según la clasificación que realiza uno de los personajes, introspectivo-periférico-indolente-invisible. Un escritor que cuenta su vida –y la de cualquiera- a través de la vida de decenas de personajes a los que conocemos por sus frustraciones y sus tragedias, que es lo mismo que decir por sus sueños y sus alegrías. Memorable el personaje de August Friedrich Byter (un tanto vilamatiano), un escritor que escribía para no enfriarse. Magnífica novela de la que seguiré hablando por escrito aquí. Además, salgo en la página 58 de la novela. Cito: Es el guardián de su elocuente mudez. Que no es lo mismo que ser callado.