25 de enero de 2009

Sobre los cuentos

Texto publicado por Alberto Manguel en el Babelia del 24-1-2009.

ELOGIO DEL CUENTO

No sabemos en qué momento el cuentista supo que lo que contaba sería un género literario. Lo cierto es que en algún momento de nuestra historia el cuento se diferenció del poema, de la novela y del ensayo, y emergió como un género literario distinto para que los profesores universitarios tuvieran de qué ocuparse. Sin embargo, más allá de esas divisiones burocráticas, el lector intuye que el cuento no es novela, que una diferencia que puede medirse (pero no definirse) por el número de páginas, distingue uno del otro. Borges alguna vez dijo que escribía cuentos porque la novela le parecía una exageración. Detrás de la boutade se oculta una verdad literaria: la novela expande la narración, el cuento la concentra. Los mini-relatos de Augusto Monterroso no pueden ser leídos como mini-novelas; el equivalente de esa parodia es, para la novela, la casi interminable Comedia humana de Balzac. El cuento retiene en su nombre sus orígenes sin duda orales, calidad que preservan aún hoy los narradores orales de las plazas de mercado en Marruecos, Colombia, Gabón. La escritura, que todo formaliza (quizás porque nace como un instrumento contable, para sumar o restar cabezas de ganado), empieza desde temprano a dar al cuento artificios y estrategias. Refinándose en fábula, parábola, anécdota, historia humorística o moral, relato erótico, histórico, filosófico, de terror, el cuento adquiere, según su categoría, rasgos particulares que, si bien son reconocidos, los autores del género se empeñan en cambiar. Así las historias de fantasmas ("viejas como el miedo", decía Adolfo Bioy Casares) al principio, en Mesopotamia y Egipto, debieron su eficacia a la mera aparición de un muerto; luego a un muerto transformado en otra cosa, un esqueleto en Roma, una sombra en la Italia de Boccaccio, un zorro en China; finalmente, con los grandes autores del siglo diecinueve el fantasma se reduce a una ausencia, a algo horriblemente real y sin embargo invisible. Cambios similares pueden rastrearse en las otras categorías, nuevas maneras de contar a las cuales el lector rápidamente se acostumbra. Ya en el siglo dieciocho, los lectores de cuentos son tan diestros en el arte de seguir las maniobras del autor, que Diderot se ve obligado a destruir o renovar sus expectativas con un cuento que (imitando al futuro Magritte) titula Esto no es un cuento. El cuento es quizás el más conservador de todos los géneros. Cambia el estilo, el tono, el impacto del final o del comienzo, la posición del narrador, la voluntad fantástica o documentalista, pero no, en términos generales, su forma. Si bien pueden encontrarse ejemplos de cuentos que escapan cabalmente al modelo de narración tradicional (pienso en El joven intrépido en trapecio volante de William Saroyan y en alguno de Raymond Carver), la mayor parte de ellos sigue el consejo del Rey en Alicia en el País de las Maravillas, "Comienza en el comienzo y sigue hasta llegar al final; allí para". Casi no existen cuentos de estructura tan libre como el Tristram Shandy de Lawrence Sterne o Cobra de Severo Sarduy. Y autores como James Joyce y Julio Cortázar, que tan brutalmente renovaron la novela, escribieron cuentos exquisitamente clásicos cuya originalidad se halla en la voz y la temática, o en la aproximación a esa temática, no en la forma misma del cuento. Por absurdas razones comerciales, las editoriales han decretado que los cuentos no se venden. No se venden Poe, Kipling, O. Henry, Chéjov, Katherine Mansfield, Ernest Hemingway, John Cheever, Borges, Silvina Ocampo, Alice Munro, Mavis Gallant. Y sin embargo, más que nunca, los cuentos siguen escribiéndose y, no lo dudo, leyéndose. Tal vez porque, en su clásica, modesta precisión, nos permiten concebir la insoportable complejidad del mundo como una íntima y breve epifanía.


21 de enero de 2009

Un poquito de Sampedro

Este es el mes Sampedro. Estoy leyendo un libro que mi me madre rescató del olvido de su biblioteca para regalármelo, La escritura necesaria. Y hace dos o tres días vi y escuché al propio Sampedro en una entrevista en televisión (no me gusta Lucas como entrevistador, dicho sea de paso).
El caso es que este hombre de noventa años dice y escribe muchas verdades, a veces incluso se adelanta a su tiempo, lo interpreta, y hace que los demás lo entendamos mejor.
Hay va alguna muestra, la primera es un extracto de La sombra de los días, el resto están sacadas de La escritura necesaria.

Mas para bien o para mal, seré escritor hasta la muerte. Escribir es mi enfermedad. Con tal de hacerlo, desnudaría mi alma sin pudor y pintaría las ajenas sin respeto. Ahondar el pozo, barrenar en los impulsos y en los símbolos. Ésa será mi única salvación posible. Si analizar sólo deja en las manos fragmentos muertos, músculos de cartón piedra, escribir es, en cambio, crear, encontrar el sentido de la vida. Ésa es mi victoria pero también mi cruz.

Lo que espero es que mi escrito penetre en la indeferencia del lector.

Escribir es una salvación porque me ofrece un mundo mucho más excitante, pero eso me exige trabajarme, estudiarme y hacerme yo mismo. La escritura se convierte así en una manifestación de ese arte de vivir que es ser quien eres. Es decir, ser lo que no vas a ser, porque todavía lo estás siendo.

Nunca describimos nada. Interpretamos y, en cierta medida, creamos la realidad; no la realidad objetiva sino "nuestra" realidad. En el "Mathnawi" de Rumí [un místico sufí] aparece la historia en la que los ciegos quieren conocer a un animal extraño que ha llegado por primera vez a su ciudad: un elefante; y cada uno de ellos, después de tocarlo, da su versión. Uno dice que es un conjunto de columnas porque tocó las patas, otro dice que es como una serpiente porque tocó la trompa, y otro que es como un abánico porque tocó la oreja. Ninguno ha visto al elefante. Somos "los ciegos frente al elefante".

Mi preocupación no es imponer una interpretación de los hechos, sino provocar una impresión.

Hay un tipo de novelas que están muy bien escritas [esto, igual que todo, lo dice a mediados de los noventa] pero que a mí no me dicen nada porque su interés se centra en el estilo, en la originalidad de la exposición o la ruptura de la forma. No me atrae ese tipo de literatura, digamos experimental, aunque me interese intelectualmente. Quiero que las novelas me cuenten una historia y me enseñen algo sobre mí o sobre los otros.

Llegar al horizonte siempre da como resultado que el horizonte se traslade.

La disciplina es la lógica del soldado [...] ese sentimiento opuesto a la actitud intelectual.

Las diferencias -y sus causas- entre los pobres y los ricos, sea en un país o en el mundo, justifica de sobra la resistencia y la rebeldía ante los más poderosos.


Artículo sobre Sampedro publicado por Diego Narváez en el Babelia del 24-1-2009: Aquí



18 de enero de 2009

La mirada divina

Dios, si existe, se calla. Pienso mucho en Dios. ¿Cómo es si existe? Desde luego no como lo representan las religiones. Berzsenyi acierta mucho más al decir: "No puede mirarnos a los ojos".

Sándor Márai, en sus Diarios 1984-1989, el último libro del escritor húngaro publicado por Salamandra.


13 de enero de 2009

Regreso

Vuelvo al sur, y me llevo a mi musa, claro. Esperemos que no se haya congelado.
Ha sido un buen mes, siempre lo es cuando vuelves a ver a los que más quieres.
Un abrazo muy fuerte para todos ellos.

3 de enero de 2009

Propósito

Desde hace tres días, igual que tantos otros, me he propuesto fumar menos, sólo mientras escribo. Y por el momento me va bien: escribo mucho más.

17 de diciembre de 2008

Con la novela en la mochila

Vuelvo al frío, con los míos. Seguiré escribiendo desde allí.

12 de diciembre de 2008

Sobre los sentidos

Dice Diane Ackerman en Una historia natural de los sentidos que una de las pruebas de maestría para un escritor es la capacidad para describir olores. El olfato, desde luego, influye en las personas mucho más de lo que podríamos pensar a simple vista (bueno, a simple olfato). En su libro, publicado en 1990, Ackerman ofrece un completo repaso al mundo de los sentidos, dedicando una parte a cada uno de ellos (añade una sexta parte que habla de la sinestesia).
Se trata de un libro muy interesante y atractivo, repleto de historias, curiosidades y reflexiones sobre lo que olemos, lo que vemos, lo que tocamos. Es decir, que habla de aquello que nos hace comunicarnos con el exterior, no hay modo de comprender el mundo sin detectarlo antes con el radar de los sentidos. Somos capaces de aumentar sus capacidades, mediante un microscopio, un audífono, una lupa, pero lo que esté fuera del alcance de nuestros sentidos quedará relegado necesariamente a la ignorancia. Y esto es algo de lo que un escritor tiene que tomar muy buena nota.
Una de las historias que se nombran en el libro es la de la conocida Helen Keller, citada por la autora al comienzo del primer capítulo:

El olfato es un hechicero poderoso que nos transporta miles de kilómetros y hacia todos los años que hayamos vivido. Los olores de las frutas me llevan de golpe a mi casa en el sur, a mis juegos infantiles en el huerto de melocotoneros. Otros olores, instantáneos y fugaces, hacen que mi corazón se dilate de alegría o se contraiga con el recuerdo de un dolor. Con sólo pensar en olores, mi nariz se llena de aromas que despiertan dulces recuerdos de veranos antiguos y campos maduros a lo lejos.



Helen Keller fue una niña –nacida en 1880- que debido a unas fiebres que tuvo con diecinueve meses se quedo ciega, sorda y muda, con lo que su capacidad de comunicarse con el mundo se redujo angustiosamente. Años después escribiría en su autobiografía, titulada The store of mi life lo siguiente: El día más importante de mi vida fue aquel en que mi maestra me conoció. Se refiere a Ann Sullivan, una institutriz que fue clave en su desarrollo y que interpretó con acierto Anne Bancroft (se llevó el Óscar) en El milagro de Ana Sullivan (The miracle worker), la película que Arthur Penn rodó en 1962 basándose en la versión teatral que él mismo había dirigido antes (tanto la obra como la película fueron escritas por William Gibson), y que a su vez estaba inspirada en la autobiografía de Keller. De la vida se pasó a la literatura, de literatura al teatro y del teatro al cine (¿para cuándo el videojuego?). Perdón.




El libro de Ackerman incluye muchas referencias a escritores, en lo que respecta a su especial relación con los sentidos o la inspiración. Schiller, por ejemplo, guardaba manzanas podridas bajo la tapa de su escritorio e inhalaba su olor ácido cuando necesitaba encontrar la palabra justa (muchos años después, en la Universidad de Yale, descubrieron que el olor de las manzanas pasadas tiene un poderoso efecto positivo sobre las personas, y puede evitar ataques de pánico). Sobre el tema de la concentración y las manías de los escritores, dice Stephen Spender en La confección de un poema:

Siempre hay una ligera tendencia del cuerpo a sabotear la atención de la mente proporcionando alguna distracción. Si esta necesidad puede ser digerida en una dirección (como el olor de las manzanas podridas o el sabor del tabaco o el té), entonces las otras distracciones son eliminadas. Otra posible explicación es que el esfuerzo concentrado que supone escribir es una actividad espiritual que hace que se olvide completamente, por el momento, que se tiene un cuerpo. Es una perturbación del equilibrio del cuerpo y la mente, y por ese motivo se necesita una suerte de ancla de sensación en el mundo físico.

Una curiosidad para terminar. Cuando yo lo leí, hace años, sentí una especie de sorpresa inquietante: apenas un 20% de los ingresos de la industria de la perfumería proviene de perfumes para personas; el otro 80% procede de los perfumes destinados a los objetos entre los que vivimos. En la calle 57 con la décima avenida (quizás hayan cambiado de dirección), en Nueva Cork, hay una empresa que alberga a las mejores narices del mundo (el edificio es conocido dentro del mundillo como el IFF –International Flavors and Fragances). Su misión: crear los aromas que nos influyen y persuaden a diario sin que nos demos cuenta. La mayoría de las colonias que usamos, tanto las masculinas como las femeninas, salen de allí. Pero también ese tufo a “McDonalds” que nos invade al caminar por una gran avenida, el olor “a pastel recién hecho” en la cocina de una casa que tratan de vendernos, el olor a coche nuevo en uno que es de segunda mano o ese agradable olor a comida que se expande por unos grandes almacenes gracias al aire acondicionado cuando es la hora de comer y que nos induce a tomarnos algo en el restaurante. ¿Por el aire acondicionado? Inquietante… ¿Estamos seguros de que las cosas que nos apetecen realmente nos apetecen por que queremos nosotros? ¿Somos conscientes de que hay muchas personas que se ganan la vida influyendo en nosotros sin que reparemos en ello? De todo esto habla también en cierta manera –y perdón por citarme- la entrada Los placeres del espíritu…consumista.
Una historia natural de los sentidos supone una deliciosa panoplia de historias muy curiosas e interesantes que hacen su lectura amena y muy recomendable porque abre los sentidos, que son los encargados de recopilar la información que llega a nuestra mente. Y como escribió Wendell Holmes, una mente que se expande hacia una idea nueva nunca vuelve a su dimensión original. Luego expandamos.

7 de diciembre de 2008

Hacia Lisboa

Me entero en la presentación del primer libro de cuentos de Yago Moliní (he tenido el placer de escribir el prólogo) que el El abrazo de piedra va a viajar en tren hacia Lisboa gracias a Pepe, un hombre encantador al que he conocido hoy. Puedo imaginarlo sentado en el tren, con mi libro en las manos y una sonrisa en la cara. Me ha preguntado qué me parecía si al llegar a Lisboa dejaba el libro en alguna biblioteca, en un banco, en un café. Le he contestado que me parecía una idea maravillosa. Y de camino a casa me he planteado si acaso no escribí esos cuentos sólo para que algún día Pepe se los llevara con él en ese tren hacia Lisboa. Creo que sí.
Buen viaje.

3 de diciembre de 2008

Las citas

Así como Godard decía que quería hacer películas de ficción que fueran como documentales y documentales que fueran como películas de ficción, yo he escrito –o pretendido escribir- narraciones autobiograficas que son como ensayos y ensayos que son como narraciones. Y tanto en unas como en otras he insertado mis citas. Decía Susan Sontag en el prólogo del admirable –hoy bastante extraviado- libro Vudú Urbano de Edgardo Cozarinsky, un pionero y gran experto en incluir citas en sus relatos: “Su derroche de citas en forma de epígrafes me hace pensar en aquellos films de Godard que estaban sembrados de citas. En el sentido en que Godard, director cinéfilo, hacía sus films a partir de y sobre su enamoramiento con el cine, Cozarinsky ha hecho un libro a partir de y sobre su enamoramiento con ciertos libros”.

Me formé en la era de Godard. Lo que le había visto hacer a éste y a otros cineastas de los 60 lo asimilé con tanta naturalidad que después, cuando alguien me reprochaba, por ejemplo, la incorporación de citas a mis novelas, me quedaba asustado de la ignorancia del que reprochaba aquello en el fondo tan normal para mí. A fin de cuentas, poner una cita –como bien sabía Sterne y yo sabía ya entonces- es como lanzar una bengala de aviso y requerir cómplices. Me sorprendía encontrar tarugos que veían con malos ojos lo que yo siempre había visto con mi mejor mirada: esas líneas ajenas que uno incluye con uno u otro, o ningun propósito, en el texto propio.

Pienso con Fernando Savater que las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso algunos de los escritores más auténticamente originales del siglo pasado, como Walter Benjamin o Norman O. Brown, se propusieron (y el segundo llevó en Love´s Body su proyecto a cabo) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales...

Y también creo con Savater que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico: “Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo...”.

Texto escrito por Vila-Matas (o no) en su web (o la web que lleva su nombre), e incluído en Dietario Voluble, recientemente publicado por Anagrama.

Supongo que no le importará que le cite, incluso me atrevería a asegurarlo. Y si tiene alguna queja la incluirá en un texto de su próximo libro, y de esa forma seré yo el citado y el círculo se cerrará. Todo muy vilamatiano, incluído el juego de este post.


29 de noviembre de 2008

El rodaje de una joven actriz

Una casa de campo cercana a Versalles, verano de 1967. En una misma mesa comen un hombre con aspecto viejo y respetable, con el pelo blanco, y un hombre más joven que el anterior. Les acompañan a la mesa los anfitriones de la casa, de quienes son invitados, quizás huéspedes, y algunas personas más. El hombre más viejo parece resignado con la aduladora presencia del más joven, que en ese momento dice estar rodando una película llamada Pierrot el loco, precisamente mientras el otro rueda, a las afueras de la casa, los exteriores de su Al azar Baltasar. El hombre más viejo es Robert Bresson, el más joven Jean-Luc Godard. Y una de las personas que asiste divertida al encuentro entre ambos genios es una joven actriz llamada Anne.

Para esa joven, que deslumbró a Bresson –igual que anteriores protagonistas lo hicieron- aquel rodaje era el primero de su vida, porque ni tan siquiera se había planteado una carrera como intérprete antes de conocer a aquel hombre por medio de una amiga que se empeñó en presentarlos.

Ahora esa joven actriz es también escritora, galardonada con varios premios en Francia. Y en una novela corta escrita con sensibilidad y sencillez nos cuenta cómo fue aquel rodaje y aquellos días de verano en los que se transformó en una mujer consciente del poder que adquiría al darse cuenta de que, efectivamente, existía. Además, para los amantes de Bresson, Wiazemsky les regala un retrato íntimo –mucho más cercano a la realidad que a la ficción- del director y de la particular y posesiva relación que mantuvo con él durante aquel rodaje.

Para Anne, la escritora, la nieta de FranÇois Mauriac, aquel verano quedará siempre en el recuerdo, porque allí conoció sin saberlo a quien sería su marido años después: Jean-Luc Godard. Las primeras palabras que le dijo fueron:

- ¿Y usted, señorita?


La joven
Anne Wiazemsky
El Aleph Editores
2008

28 de noviembre de 2008

Un poquito de Kakfa



...la palabra final debe sobrevivir en el corazón sobre las ruinas de toda la anécdota.

...se hizo evidente en mi organismo que la literatura era la manifestación más productiva (sic) de mi personalidad.

Al volver a casa después de la despedida, arrepentimiento por mi falsedad y dolor por la inevitabilidad de la misma.

He repasado unos viejos papeles. Uno necesita de todas sus energías para soportar semejante cosa. La desdicha que hay que soportar al interrumpir un trabajo que sólo puede tener éxito cuando se hace de una sóla titrada; esto es lo que siempre me ha sucedido hasta ahora, y hay que pasar por esta desdicha con tantos apuros, aunque no con la antigua intensidad, cuando uno lo relee todo.

...me aferro a mi novela.

..."La condena", la he escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23, entre las diez de la noche y las diez de la mañana.

...conmovido como sólo lo estoy cuando escribo. ¡Si pudiera ser así con todo el mundo por mediación de mi mujer! Pero, ¿no sería esto en detrimento de la literatura? ¡Eso sí que no!

Sólo el deseo de morir y el hecho de seguir resistiendo todavía, sólo eso es amor.


Kakfa empezó a escribir sus diarios con veintisiete años, y ya no paró nunca, a pesar de que una de las frases más habituales en sus páginas sea "Hoy no he escrito nada". En vida publicó varios cuentos, entre ellos "La transformación" (por lo visto mal traducida hasta ahora como "La metamorfosis"). Pero no fue hasta un año después de morir cuando su amigo Max Brod, contraviniendo la voluntad (nunca sabremos si era verdadera) de Kakfa de quemar todos sus manuscritos, publicó las tres novelas -inacabadas- que conocemos hoy en día del escritor checo: "El proceso", "El desaparecido" (así quería titularla Kakfa, aunque Brod la editó con el título de "América") y "El castillo".

21 de noviembre de 2008

Pensemos, que además adelgaza

Es más fácil creer que pensar, de ahí que haya más creyentes.

Ernst Fischer, filósofo austriaco




20 de noviembre de 2008

Un proyecto atractivo



He conocido a Tavares a través de Vila-Matas (no es el primer libro o escritor a los que llego gracias a él), que se ha erigido en su padrino literario en España. Por el momento he leído El señor Valéry y El señor Brecht, dos de los tres libros que hasta el momento se han editado en Mondadori (el otro es El señor Henri) de este escritor nacido en Angola y educado en Portugal que se llama GonÇalo M. Tavares. Pertenece a esa nueva hornada de novelistas portugueses –inagotable la literatura lusa de calidad- que son también poetas y periodistas, como José Luis Peixoto o Jorge Marmelo, entre otros.

El proyecto conocido como “El barrio” o “El barrio de los artistas” es paralelo a sus novelas, un proyecto largo, muy loco, utópico, en el que lo que preocupa al autor no son los datos más o menos biográficos de las vidas de los escritores, sino el tono de su escritura o los temas que escogían. De esta forma Tavares quiere homenajear a aquellos que más influyeron en él, juntándoles en un barrio imaginario que huele a Chiado literario, la idea es hacer una historia de la literatura desde la ficción. Después de Bertold Brecht, Paul Valéry y Henri Michaux nos esperan los señores Breton, Melville, Cortázar, Virginia Woolf, Corbusier, Lorca, Wittgenstein, Beckett, Foucault y una larga lista que hacen de este proyecto una novedad original y atractiva.

Detrás de la aparente sencillez de los libros –la edición parece la de un libro infantil, en el texto se intercalan dibujos realizados por la mujer de Tavares, la estructura se basa en capítulos muy cortos y ninguno llega a las cien páginas- se esconde una segunda lectura que da lugar a hondas reflexiones sobre temas como la literatura, la filosofía, la belleza.

Os dejo con un capítulo de El señor Brecht

AVERÍA

Debido a un incomprensible cortocircuito eléctrico, el que se electrocutó fue el funcionario que bajó la palanca y no el criminal que se encontraba sentado en la silla.

Como no hubo manera de solucionar la avería, en las ejecuciones siguientes el funcionario del gobierno se sentaba en la silla eléctrica y era el criminal quien se encargaba de bajar la palanca mortal.



16 de noviembre de 2008

Vivir

Le preguntan a Ray Loriga en un programa de televisión por qué merece la pena vivir. Y contesta:

- Porque el plan B tiene una pinta malísima.

3 de noviembre de 2008

La felicidad

Woody Allen en Hannah y sus hermanas:

“Era feliz, pero no sabía que lo era”.

Borges en “Los Conjurados”:

“"Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.”.

Quizás la felicidad es una utopía necesaria. Un equilibrio total e inalcanzable, un objetivo ficticio, un acto de fe, de voluntad. No se trataría de lograr ese equilibrio imposible, sino de estar lo menos desequilibrados que podamos.


28 de octubre de 2008

La última novela de Kundera



Así es, Milán Kundera tiene nueva novela, y nadie lo sabía. Aún no la ha escrito, o quizás esté escrita entre las páginas de todas las que ha publicado. Esa novela en apariencia invisible y que contiene los silencios de un escritor, todo lo que cuenta sin contarlo. El tema de esta, recurrente en casi todos los escritores, es el pasado.

Puede que nunca sepamos la realidad de lo que pasó, aunque yo tengo mi versión, ficticia, por supuesto. Pero antes recapitulemos para los que no conozcan el caso. El lunes 13 de octubre el semanario checo Respeckt, al parecer una de las revistas checas con mayor prestigio, publica una noticia en la que acusa a Kundera de delatar a un tal Miroslav Dvoracek a la policía comunista en 1950, cuando el escritor tenía veinte años. Como consecuencia del chivatazo, Dvoracek fue detenido y condenado a pena de muerte. Finalmente cumplió veintidós años de cárcel y trabajos forzados en una de esas minas de uranio a las que fueron condenados tantos presos políticos en aquella época. Durante todos estos años vivió -ahora en Suecia- con la convicción de que la delatora que lo privó de libertad fue Iva Militká, la chica que lo había acogido en su habitación de la residencia de estudiantes -situada en el barrio praguense de Dejvice y de la que Kundera era delegado- el día de la detención. La fuente de esta información, que cita el propio semanario checo que destapa el caso Kundera sin confrontarla previamente con la opinión del literato, es un informe del Instituto para la Investigación del Régimen Totalitario en Praga, un informe que no está firmado por Kundera y que no incluye número identificativo alguno, sólo la fecha de nacimiento. Este instituto, por lo visto y leído, se fundó para estudiar el funcionamiento interno de los totalitarismos y hasta ahora sólo se ha dedicado a buscar revelaciones escandalosas sobre personas que luego han resultado ser inocentes. A este respecto, el vicepresidente del gobierno checo ha dicho que sería preciso fijar unas reglas para el instituto que concreten quién es la autoridad que dice lo que se puede publicar. El líder de la oposición ha asegurado que eliminaría el instituto en caso de ganar las próximas elecciones legislativas, "trasladaremos esta labor histórica a los científicos, ya que no debe ser susceptible de politización".


Kundera, desde su casa a las afueras de París – donde vive desde que le negaran la nacionalidad checa- y en forma de comunicado de prensa, desmiente la noticia y dice que no conoció siquiera al estudiante que supuestamente delató según el semanario Respeckt.

Esto es lo que publican los principales periódicos españoles en páginas visibles de sus respectivas secciones culturales los días trece y catorce de octubre. Y lo curioso, aunque cada vez lo es menos, es que todos ofrecen titulares de lo más llamativos –léase sensacionalistas- con la excepción, que yo sepa, de El Mundo, que al menos incluye en el titular que Kundera desmentía la acusación, aunque el tono del texto posterior es igual de acusatorio. Eso sí, en el cuerpo de la noticia, eso que poca gente lee -y que ni siquiera existe apenas en esos periódicos gratuitos que poco ayudan al buen periodismo de prensa-, se aseguran de incluir al artículo de la revista checa como fuente. Pero no quiero hablar, en este artículo al menos, de los males que aquejan actualmente al periodismo, que en lugar del cuarto poder ahora es un acólito partidista de los que aspiran a él en donde cada medio-grupo defiende los intereses de la opción política que respaldan. Es decir, a perdido su esencia (al final se me ha soltado la tecla…)

Unos días después de que la noticia sorprenda a la mayoría (que pensamos que aquello no nos cuadraba del todo, como cuando no queremos darnos cuenta de que ese gigante fuerte y todopoderoso que era nuestro padre cuando lo mirábamos desde abajo se ha convertido –porque culpa de nuestro crecimiento, no de su debilitación- en un tipo barrigudo y más bajito que nosotros), unos días después, digo, salen nuevas versiones de los hechos.

Una es la de Zdenek Pesata, historiador de literatura checo, que manifiesta a la agencia de noticias CTK que quien delató a Dvoracek no fue Kundera, sino otro Miroslav, un tal Miroslav Dlask, que casualmente es, oh sorpresa, el novio de Iva Militká, la chica que refugió a Dvoracek en la residencia de estudiantes.

Otra versión nueva, que corrobora la anterior y exculpa a Kundera, es la de Václav Havel, escritor que fue presidente checo entre 1989 y 1992. En un artículo publicado en la misma revista que ha desatado la polémica –honra tardía- Havel, desde el conocimiento de la vida bajo un régimen totalitario, exime de culpa a Kundera. Esto, para la escritora checa Monika Zgustova, que ha seguido el caso, debería valer para poner punto y final a la trama.
Y para completar todas las versiones, el jefe del PEN club checo (curiosa fuente), Jiri Dedecek, ha declarado que la acusación ha sido un argumento de marketing excelente, “ahora la gente comprará mucho más los libros de Kundera (esto, lejos de ser malo, es bueno, me digo yo) para descubrir en ellos algunos aspectos de su vida que antes no veía, para que comparen su verdadera vida con sus héroes literarios”. Esto ya no tanto, porque en muchos casos la curiosidad de los lectores se convierte en impertinencia, aunque no lo pretenda.

Estas tres variaciones de la trama inicial no han sido publicadas -o lo han sido pero de una manera desproporcionada a cómo publicaron la noticia original- por casi ninguno de los medios internacionales. Curioso. ¿Qué tienen contra Kundera? A priori, me refiero, antes de que se destapase el “escándalo”. ¿Tan fuerte era su odio por este escritor, que por otra parte, como mis lectores sabéis, es uno de mis favoritos?

Teniendo en cuenta todo esto, y aquí ya entramos en el terreno de la ficción, la historia pudo ocurrir así:

Dvoracek, joven piloto que huyó de Checoslovaquia tres años después de acabada la guerra, sobrevive en un campo de refugiados alemán. Allí es reclutado por el servicio de inteligencia checo, que entonces organizaban los estadounidenses. Su misión: regresar a Praga y ganarse la confianza de un industrial. Dvoracek tiene miedo, no se fía de nadie, no sabe qué país se va a encontrar. Entonces recuerda el nombre de una antigua amiga, Militká. Si ella no lo ayuda nadie lo hará. Militká le ofrece refugiarse en la residencia de estudiantes en la que ella vive. A mediodía, mientras come con su novio Dlask, la chica le cuenta que esa noche no vaya a verla a la residencia, que tiene a Dvoracek oculto. Esa misma noche Dvoracek es detenido.
Pasa el tiempo y Dlask y Militká se casan. Durante sesenta años ninguno de los habla de aquella noche en la que detuvieron a Dvoracek. Hasta que antes de morir, Dlask le indica a su mujer, con un gesto cansado de su mano ya casi inerte, que se acerque a él. Entonces le susurra, nadie más lo escucha, que aquel día de 1950 fue él quien delató al chico que ella metió en su habitación, “se lo dije a Milán, aquel chico que era delegado de la residencia y que ahora es un escritor famoso. Él es el culpable”. Fueron las últimas palabras de Dlask.

Unas palabras que pretendían ocultar que él fue quién delató a Dvoracek, y que lo hizo roído por los celos, y para proteger a su novia –la único que lo ataba a aquel país, a la vida. Para no descubrirse, para que Militká no pensara que era un traidor y lo abandonase, Dlask dio el nombre del delegado de la residencia, un tal Milán Kundera. Por eso la firma del escritor no estaba en aquel documento. Porque no fue él quien traicionó a Dvoracek. Fue Dlask. Y fue por amor.

Toda una novela que el mismo Kundera podría escribir.

De lo que ocurrió en realidad que cada uno saque sus conclusiones.

Artículo: Once escritores, entre ellos varios Nobel, salen en defensa de Kundera (3 de noviembre)

26 de octubre de 2008

Regreso al pasado

De repente son las dos de la madrugada otra vez. Acabo de volver al pasado. Seguiré escribiendo desde aquí.

20 de octubre de 2008

Presentación



El viernes se presenta a las 8 de la tarde el primer libro de Yago Moliní, a quien he tenido el gusto de prologar. Será en el Corral de Esquivel (Alameda de Hércules, 39) y la cosa promete originalidad. Allí os espero a todos los que podáis acercaros.

16 de octubre de 2008

El presente

No goza de lo que tiene
por ansia de lo que espera.

Antonio Machado

8 de octubre de 2008

Anuncios por palabras


OFERTAS DE EMPLEO. Se busca narrador, entre veintitantos y cuarentaitantos años, buena presencia, currículum solvente... Se valorarán las aptitudes para la autopromoción y el marketing y la capacidad para adaptarse a las modas y los gustos del público. Abstenerse cuentistas, experimentalistas y autores con excesivas pretensiones literarias.
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TRASPASOS. Narrador sin talento traspasa musa exigente por no poder atender.
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Texto de Luis García Jambrina, extraído del dossier de prensa del Atlas Literario Español de jóvenes escritores celebrado en Sevilla en junio de 2007.