2 de febrero de 2016

Entre Copas (I): Y el genio llegó a Galicia




En la segunda mitad de los años ochenta el baloncesto español vivía su particular boom tras la plata lograda en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles´84. En la liga, el F.C. Barcelona era el dominador y en el Real Madrid había muchas ganas de alternar la corriente. Aquella temporada se acababa de instaurar el 1+1, que requería meter el primer tiro libre para poder tirar el segundo, los partidos aún se jugaban a dos partes de 20 minutos y se veían muy pocos cambios en comparación con el actual carrusel. Winston y Larios patrocinaban los partidos. Eran los años del felipismo tardío y Lina Morgan, de la Quinta del Buitre y El Precio Justo. Fuera de España, el mundo cambiaba para siempre con la caída del muro al tiempo que los Simpson aparecían por primera vez en las pantallas estadounidenses. Y entonces llegó el genio. 

Drazen Petrovic, estrella europea del momento, ganador con la Cibona de Zagreb de dos Copas de Europa consecutivas contra el propio Real Madrid y el Zalgiris de Arvidas Sabonis, aterrizó en España en 1988 con 24 años, tras superar (léase pagar) una larga serie de obstáculos normativos que impedían que un jugador yugoslavo saliera del país con menos de 28 años. El objetivo de Ramón Mendoza, presidente madridista, era recuperar con aquel fichaje el dominio perdido en España y Europa en los últimos años. Se sabe que Petrovic, al estilo Di Stefano, iba a jugar en un principio en el Barcelona, a petición de Salvador Alemany, directivo del club, pero parece ser que llegado el momento no había mucha prisa por el fichaje (se dice, se cuenta, se comenta que a Aíto García Reneses, siempre preocupado por el equilibrio colectivo, no le agradaba demasiado el individualismo del genio de Sibenik). Y esa falta de prisa la aprovechó el Real Madrid para hacerse con el balcánico, complementado con el regreso de la NBA de Fernando Martín y el estadounidense Johnny Rogers, un alero alto y tirador procedente de los Cleveland Cavaliers. Ya tenían todo lo necesario para hacer frente al Barcelona. Y enseguida llegaba el primer título en juego para empezar a demostrarlo: la Copa del Rey. 

Aquella edición tuvo varias sedes gallegas. Los cuartos se jugaron en Ourense, Vigo y Santiago, las semifinales en Lugo y Ferrol y la final en A Coruña. El Madrid se había desecho en las eliminatorias del Magia Huesca y del Ram Joventut. Por su parte, el Barcelona se plantaba en la final después de ganar al Fórum Valladolid en cuartos y al CAI Zaragoza en semis. En los banquillos también había duelo de altura: Aíto frente a Lolo Sainz, dos grandes que supusieron un antes y un después en la historia de sus clubes. En aquel momento, Aíto venía de ganar dos ligas consecutivas (que luego ampliaría a cuatro), mientras que Lolo Sainz acumulaba ya ocho títulos. 

Había ganas de ver aquella final. Mucha calidad en pista. Quintetos: Nacho Solozábal, Epi, Andrés Jiménez, Audie Norris y John Waiters por parte barcelonista; Petrovic, Chechu Biriukov, Rogers, Fernando Martín y Romay por parte madridista. Casi nada al aparato. Era además la repetición de la final del año anterior en Valladolid, ganada por los culés con un triple de Solozábal en el último segundo. La revancha estaba servida en el pabellón Municipal de Riazor, que iba a ser testigo del primer intento del Madrid de Petrovic por secar la racha de títulos nacionales del eterno rival. 

El partido empieza con un 0-4 para el Madrid, enseguida contestado por un 7-0 del BarÇa, incluido un triple de Solozábal idéntico al que ejecutara a los blancos hacía un año. Los encargados de defender a Petrovic y Epi, respectivas estrellas, son el propio Solozábal y Biriukov (ambos con el 7 a la espalda), lo que en parte puede perjudicar al Barcelona, puesto que deja a su base con menos energía para dirigir el ataque culé, mientras que para los merengues no parece tan importante la presencia ofensiva de Biriukov. Los primeros cinco minutos son para el Barcelona, pero preocupa que Norris lleve ya dos faltas (sigue en pista, no obstante). La buena noticia para ellos: Petrovic aún no ha anotado una canasta en juego, aunque suma desde el tiro libre (diez botes bajos, suspiro y arriba). Llega el primer cambio, a los nueve minutos: Aíto mete a Xavi Crespo por Jiménez, justo después de que Fernando Martín anote sus primeros dos puntos después de ganarle la posición a Norris, mermado por las faltas. Llega entonces el duelo de metralletas: Epi contra Petrovic. Al primer triple del balcánico le sigue un canastón desde el lateral del español, luego nueva canasta de Drazen, contestada con un triple de Epi que coloca ocho arriba a su equipo y provoca el primer tiempo muerto de Lolo Sáinz. Pero todo sigue igual. Al término de los primeros veinte minutos, el Barcelona gana 48-43, con Epi (16 puntos sin fallo en el tiro) y Norris, con 3 faltas, como estiletes. Por parte del Madrid, los máximos anotadores son hasta ahora Rogers y Petrovic.

Sin embargo, Drazen se queda en el banquillo tras el descanso. Y es con el balcánico agitando la toalla desde el lateral cuando el Madrid consigue un parcial de 2-7 en el arranque de la segunda parte, gracias al cambio de ritmo liderado por un José Luis Llorente que ya venía de hacer un gran partido en semis. Acierto de Lolo Sainz, que trata de frenar Aíto con un también muy acertado Quim Costa. Llega el primer fallo en el tiro de Epi y el Madrid vuelve a ponerse por delante después del 0-4 inicial. El BarÇa parece perder fuelle y es incapaz de frenar a Rogers, que con su peculiar mecánica se convierte en máximo anotador del encuentro. Epi sigue sin anotar, llega además su cuarta falta. Petrovic continua con su exhibición de tiros libres y los culés no encuentran fluidez en ataque. Pero el partido está ahí a pesar de las sensaciones: 62-64 mediado el segundo tiempo. 

Se suceden entonces las faltas. Los dos equipos se meten en problemas con hasta siete jugadores a punto de ser eliminados. Petrovic continua con el goteo de tiros libres, pero una canasta de Costa y otra de Norris mantienen al BarÇa en el encuentro. Hasta que llega el parcial que parece decisivo: un triple en carrera de Drazen (celebrado con pataleo y puños en alto), dos canastas seguidas de Rogers y un nuevo triple, esta vez de Llorente, colocan al Madrid nueve arriba, 69-81. La final parece decantarse a falta de cinco minutos. 

Otro triple de Petrovic desata los olés de los aficionados merengues, que ven cómo se acerca el primer título de la temporada. Epi consigue su primera canasta en el segundo tiempo, ¿demasiado tarde? El Barcelona presiona a toda cancha y Aíto pide tiempo muerto para planear un último intento de remontada. En la reanudación vuelve anotar Epi, 76-85, quedan 3:40 para el final. Hay tiempo. Y el Madrid quiere ayudar: pierde el balón en campo propio y Llorente hace una falta intencionada que puede meter de lleno al BarÇa en la final. Dos tiros libres para Solozábal, casi infalible desde los 4´60. Falla el primero. El público murmulla. Falla el segundo. Aún cuentan con posesión para seguir recortando. Norris lo tiene, pero falla el mate y el balón sale despedido hacia el medio del campo. Llega el balón a Crespo, el tres del equipo una vez eliminado Jiménez. Está solo, pero falla de nuevo. Cuatro tiros seguidos errados que parecen agotar las posibilidades blaugranas. Petrovic quiere sentenciar con un triple, pero falla también, ante la mirada iracunda de su entrenador y de algún compañero (imaginamos los pensamientos de Fernando Martín en aquel momento, teniendo en cuenta el mutuo aprecio que se profesaban). El partido está desatado, el público no puede permanecer sentado. Costa penetra y pone al BarÇa a seis a falta de dos minutos. Tiempo muerto de Aíto, que pone al equipo en zona. El Madrid renuncia a atacar el aro en los siguientes ataques, se dedica a mover el balón. El BarÇa no consigue anotar. Es como si unos no quisieran sentenciar y los otros no supieran remontar. Llega la canasta de Norris a falta de trece segundos, 81-85. Pero ya es tarde, ahora sí. Tras un tiempo muerto de Lolo Sainz, se agotan los segundos sin que el Barcelona se plantee siquiera hacer falta (eran otros tiempos). El Madrid era campeón de Copa. Petrovic tenía su primer título (28 ptos, 15 de 17 en tiros libres). Y la revancha del Pisuerga estaba consumada.ç

Meses después llegaría el segundo título para el Madrid de Petrovic, en la mítica final de la Recopa contra el Caserta de Oscar Schmidt, y luego la derrota con el Barcelona en la final de liga, que dejaba a los blancos sin triplete. Drazen no volvería a jugar en la ACB. Se marchó de vacaciones a Portland y ya no volvió. Más adelante llegaría el accidente de Fernando Martín y arrancarían los años noventa con George Karl, luego Sabonis, pero esa es otra historia. Esta termina con los interminables brazos de Romay levantando orgulloso el trofeo en su tierra, con cuidado para no golpear el techo del pabellón.


13 de enero de 2016

Andrés Montes o por qué una narración puede ser maravillosa


Escribo esto al tiempo que escucho esa voz tan característica… Buenas noches, buenas tardes aquí en Seattle, quintetos oficiales confirmados por parte de los dos equipos… Es uno de los mejores recuerdos que tengo relacionados con la NBA: la final de 1996 entre los Chicago Bulls de Michael Jordan y Scottie Pippen y los Seattle Supersonics de Gary Payton y Shawn Kemp, con George Karl y Phil Jackson en los banquillos. Creo que es la única final que he visto completa en directo, de madrugada. A pesar de que tenía que levantarme a las ocho para ir a clase, no me perdí ni uno de los seis partidos de la serie. Fue un 4-2 para los Bulls, el cuarto anillo de Jordan, primero del segundo three-peat que consiguió tras su regreso en marzo del 95. Los comentaristas para Canal+ de esa final eran Andrés Montés y un imberbe Antoni Daimiel, recién estrenados en el puesto esa temporada (aquel era su segundo viaje juntos, tras el All Star de San Antonio, primera ocasión en la que Montes pisó suelo estadounidense, a pesar de que bien pudiera haber pasado por nativo del Bronx). Aunque siempre fui de noctambulismo fácil, recuerdo aquellas madrugadas como una pelea entre el inevitable sueño y la vigilia emocionada. Algo tuvo que ver Andrés Montes en la resistencia. Cómo iba uno a dormirse pudiendo vivir la magia del basket al ritmo de ratatatatas. Para qué irte a la cama si ibas a seguir escuchándole aún con la televisión apagada. Lo mejor era quedarse y disfrutar con él. 

También narró Andrés Montes, junto a Iturriaga y De La Cruz, el Mundial de baloncesto de Japón que consiguió la generación de oro a finales del verano de 2006; los ET (Pau Gasol), Mister Catering (Calderón), Mojo Picón (Sergio Rodríguez), Multiusos (Garbajosa), Espartaco (Felipe Reyes) y compañía, todos ellos renombrados por el mayor fabricante de motes del periodismo español. Aquella victoria ante los griegos sucedió meses después del debut futbolístico de Andrés en el Mundial de Alemania, donde bautizaría el juego de la selección española de Luis Aragonés con ese tiki-taka que hoy ya conoce el mundo entero. Y es que la voz de Andrés Montés va unida durante las últimas décadas a grandes momentos relacionados con el deporte, en especial con el baloncesto y el fútbol. Suyos son conceptos y frases que hoy todos utilizamos, y suyo es el particular estilo que originó una nueva manera de narrar que lo mismo incluía un comentario relacionado con el cine o un plato de pasta que una parrafada sobre lo aburrida que es Atlanta o sobre el mejor club de jazz de Chicago. Todo un documento las caras de Daimiel, sempiterno compañero de batallas, escuchando durante los tiempos muertos las ocurrencias improvisadas de Andrés. Para la historia frases como “¿Por qué en la foto de boda sólo sonríe la novia?” o “¿Qué tenemos que hacer para salir del club de las calabazas?”. 

De madre cubana, padre gallego y corazón colchonero (algunos dicen que deportivista), Andrés Montes pasó de pantalón corto a tiro largo en el Madrid de los años 60, en las calles del barrio de Argüellles, en una España racista que no se sentaba junto a él en el autobús. Porque Andrés era un niño negro (así le llamaron siempre sus amigos, El Negro). Con el paso de los años, la piel se fue aclarando, al tiempo que las mentes se abrían y las faldas se acortaban, y Andrés se convirtió  en un tipo exótico que iba a todos los sitios con sombrero y pajarita. Llegaron los comienzos en la radio. Retransmitió para la Cope el Mundial de Fútbol de Naranjito, trabajó con José María García y Siro López. Después vino la televisión y la NBA, primero con Santiago Segurola, luego ya y siempre con Daimiel. Pero no fue hasta el año 2006 y su fichaje por La Sexta cuando Andrés se hizo popular entre la masa espectadora. Narró el Mundial junto a Julio Salinas, dejando otra perla, el dónde están las llaves que la gente repetía una y otra vez cuando le reconocían por la calle. Y después fabricó el fútbol con fatatas que durante tres años le llevó por los campos de una España que elevó a Andrés a la categoría de fenómeno.
Cuentan quienes mejor lo conocieron que roncaba como un demonio, que se lavaba muchas veces los dientes a lo largo del día, que un día se quedó dormido narrando, que en una ocasión firmó un autógrafo como Wayne Robinson, y en otra como Pablo Milanés, que vibraba con You get what you give de los New Radicals, que era un entusiasta de la queja y a pesar de ello, un vividor, un sibarita, un amante del buen yantar y el mejor vestir. Quienes mejor le conocen destacan que era un hombre peculiar, anárquico, un tipo que hacía de la improvisación su mejor arma creativa. “Un caos perfecto”, decía uno de sus socios al día siguiente de la muerte de Montes, hace ya seis otoños. 

Es difícil no imaginar cómo hubiera contado él tantas cosas que han ocurrido desde entonces: el gol de Godin en el Camp Nou para darle la liga al Atlético de Madrid, la titularidad de los hermanos Gasol en el All Star del año pasado en Nueva York, la descomunal exhibición de Pau en el Eurobasket de Francia este verano, la actual excelencia de Curry y los Warriors, y tantas jugadas y partidos que él hubiera narrado a su manera. Porque no era lo que decía, sino cómo lo decía. El estilo. Eso que le hacía único y por lo que destacaba entre el resto de voces catódicas, gustase o no. Lo que le permite perdurar en la memoria de todos los que le escucharon al menos una vez, primero con sorpresa, luego con una sonrisa en la boca, y finalmente con el agradecimiento de quien sabe reconocer al otro lado de la pantalla la pasión por narrar que la vida puede ser maravillosa. Que cuando uno se sienta delante de la televisión a ver un partido, el asunto consiste en reír y pasárselo bien. Y en eso, Andrés Montes era un auténtico maestro. ¡Un jugón!


18 de diciembre de 2015

¿Os imagináis?

¿Os imagináis que los candidatos, víctimas de un repentino ataque de honestidad, liberados por circunstancias extraordinarias, empezaran a decir todo lo que piensan, dejando a un lado estrategias electorales y consecuencias personales? ¿Os imagináis unos políticos que, sin renunciar a sus ideas, nos contaran la verdad? ¿Os imagináis votar así? Pongamos que el primero en romper la baraja fuera... SEGUIR LEYENDO


11 de diciembre de 2015

Los Don Draper de la política

Artículo en Negratinta sobre la figura de los asesores políticos en el cine:

Se llaman Stephen Meyers, Doug Stamper, Kasper Juul, Leo Notte, Leo McGarry o simplemente Saunders. Para la gran mayoría son nombres desconocidos. Les reconocerán quienes hayan visto la serie o la película a la que pertenecen. Son personajes de ficción, algunos más protagonistas que otros, pero la mayoría no son la figura central en sus respectivas tramas, lo que no quiere decir que su importancia sea secundaria. Todo lo contrario. Su labor está peor iluminada, nada más. A los actores les sucede así lo mismo que a los personajes que interpretan: bombillas en la sombra. Son los asesores: consejeros, secretarios, publicistas, periodistas, escritores que dirigen los hilos mediáticos de su protegido sin salir en los créditos. El cine se ha encargado de mostrarnos cómo son estos Don Draper de la política. Los encargados de fabricar...SEGUIR LEYENDO

9 de diciembre de 2015

Pocas nueces para tanto ruido


Artículo en Negratinta sobre el debate del 7-D:


Más allá de promociones desmesuradas y adjetivos sobrecargados de adrenalina (se llegó a calificar el plató como “santuario sagrado de la pasión política”), el debate ha sido, por encima de todo, una especie de primera puesta en escena del panorama político que se presupone para la próxima legislatura. Cuatro partidos con posibilidad, no tanto de gobernar, como de influir de forma decisiva en la formación y en las futuras decisiones del gobierno elegido. Este es al menos el dibujo oficial. Veremos si la realidad de los resultados electorales termina de colorear ese mapa esbozado hasta ahora por las encuestas y los medios.

Las horas previas del debate fueron una apasionante receta catódica con aromas de Gran Hermano, Premios Goya, contrarreloj final de la Vuelta a España y Grand Prix (Alberto Garzón y Andrés Herzog representaban aquí el papel de los concursantes que se quedaban a la puertas de la gala final, con fans reivindicativos incluidos). Primero apareció... SEGUIR LEYENDO

 

4 de diciembre de 2015

La rentabilidad de los alardes

Artículo en Negratinta sobre el gobierno de Rajoy y Cataluña:

Es ya una tesis aceptada que la forma de tratar la cuestión catalana durante los últimos cuatro años por parte del gobierno de Rajoy ha elevado el número de votos “independentistas” en las pasadas elecciones autonómicas, al tiempo que se los restaba al propio PP, reducido a once escaños tras los comicios (los mismos que Catalunya Sí que es Pot y uno más que la CUP). Y es que como decía aquel, lo de Rajoy y su gobierno no han sido formas, sino alardes. A veces ignorantes, a veces ridículos, pero alardes al fin y al cabo (recordemos el vídeo Al PP le gusta Cataluña, sin duda una de las cumbres audiovisuales de la legislatura, en donde nuestro presidente, con ese guiño tan suyo en el rostro, nos enseñaba que los catalanes “hacen cosas”). Lo que no parece tan claro es que esas formas, alardes y ocurrencias... SEGUIR LEYENDO

1 de diciembre de 2015

La utopía y la autoyuda

Sobre la utopía y la toxicidad social de "la autoayuda o el pensamiento positivo o el desarrollo personal o como lo estén llamando esta semana". La última frase: "Para qué lograr la felicidad de todos pudiendo convencerse de que basta con estirar la boca por las comisuras"