21 de noviembre de 2016

Presentaciones

Ya tenemos cerradas dos presentaciones de TURISTIA:

SEVILLA
Miércoles 21 de diciembre - 20:30h
En Gallo Rojo. Factoría de creación
Con Iván Vergara de Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, el escritor Salvador Navarro y Fran Arjona


VALLADOLID
Jueves 29 de diciembre - 19:30h
En Beluga Beluga
Con el músico, escritor y profesor de literatura Ricardo González Paunero -Ricardo GPau



Ilustración de Antonio López: yo mismo "turistizado"

21 de octubre de 2016

Tenemos novela

En apariencia, el acontecimiento literario del año es el Nobel de Bob Dylan. Pero en realidad, la noticia que marcará el 2016 es esta:

TURISTIA ya tiene un barco en el que emprender viaje.

El barco lleva por nombre Editorial Ultramarina Cartonera & Digital. Y tiene un capitán, Iván Vergara, al que nunca podré agradecer lo suficiente la confianza que ha puesto en mi historia.

Será mi tercer libro, mi primera novela.

Como dije cuando terminé de escribirla, más contento que un perro sin correa.

Seguiremos informando.

20 de octubre de 2016

Marathon woman

Kathy era una veinteañera aquel invierno de 1967. EEUU había pasado del hombre del traje gris a la televisión en color, de Corea a Vietnam, de la cadena fordiana a la revolución publicitaria, de la propaganda política a la seducción mediática, del puritanismo autoritario al amor libre y a todo el sexo, la droga y el rock&roll que uno fuera capaz de liberar durante la fantasía patrocinada por Volkswagen y Coca-Cola. El asesinato de Kennedy aún pesaba en el alma de una nación dividida que había mandado a tres hombres a la luna al tiempo que en la tierra se resistía a otorgarle derechos civiles a cientos de miles de personas. Kathy Switzer tenía 20 años por entonces. Y un plan que pocas personas conocían... SEGUIR LEYENDO

5 de octubre de 2016

El Dios negro de Girona



Cuando Darryl Middleton debutó en la ACB, yo estaba en 6º de EGB. Aún quedaban un par de años para que empezaran a interesarme las chicas, mi asignatura preferida era soci (aquel libro azul con un cuadrado de colores) y uno de mis sueños era tener una canasta en casa, como esos chicos que veía en las películas americanas. Ahora que han pasado dos años desde que Middleton jugara su último partido en España, llevo casi tres lustros con la mujer de mi vida, las clases las doy yo y no tengo canasta en casa (aunque la tuve). En definitiva, me hecho un hombre, bueno o malo, mientras este tío se partía la cara en las pistas de toda España y media Europa. Y es que hablamos... SEGUIR LEYENDO

7 de septiembre de 2016

La importancia de llamarse Calderón



Faltan cinco segundos y cuatro décimas para que termine el partido por el tercer puesto en los Juegos Olímpicos de Río. Sergio Rodríguez acaba de meter dos tiros libres que ponen uno arriba a España. Tiempo muerto y balón para Australia. Andersen se lía en la reanudación, con la imprescindible ayuda del manoteo de Ricky Rubio, y la selección se lleva la medalla de bronce que sabe a gloria. Los dos bases españoles fueron los protagonistas de aquellos últimos segundos que ya son parte de la historia del baloncesto español. Pero había otro base más en el banquillo, un tercer hombre que sabía que aquel final de infarto era también el final de su carrera con la selección nacional. No había jugado ni un solo minuto en el partido, pero nadie escuchó una queja que no hubiera sido lógica (el partido no dio pie a nostálgicas despedidas) ni coherente con la carrera de un tipo que siempre puso por delante el equipo. Como hacen los buenos bases. Y José Manuel Calderón ha sido uno de los mejores.

Salvo algunas excepciones obligadas como consecuencia de inoportunas lesiones, ha sido el entrenador en pista de esa generación de Oro que empezara a asombrar al mundo en Lisboa (él no ganó aquel mítico oro al perderse el campeonato por culpa de una de esas lesiones, pero si estuvo en el Europeo de la categoría que se ganó un año antes en Varna). Calderón es el más pequeño del grupo, el menor de la generación que tantas alegrías ha dado –y sigue dando- al baloncesto español. Ya fue el base de la selección en el Eurobasket de Suecia en 2003, que supuso su confirmación y la de Pau Gasol, Navarro y Felipe Reyes al frente de un equipo que consiguió la medalla de plata. Trece años después de aquella final contra Lituania, Calderón ha ganado su última medalla con la selección en Río de Janeiro, un bronce que el de Villanueva de la Serena ha vivido de una forma diferente a la acostumbrada: desde la cruel pasividad a la que obliga el banquillo. Pero hablamos de un tipo que no gasta vanidad y así lo ha demostrado día tras día a lo largo de los pocos minutos que le ha puesto Scariolo en pista. Pero es sobre todo fuera de ella donde Calderón, o mejor dicho, Jose (sin tilde), habrá dado lo mejor de sí mismo. Allí donde los más jóvenes, los menos expertos, necesitan la ayuda de un veterano con casi doscientos partidos en sus gemelos. 

El Mundial de Japón de 2006, el único que ha ganado la selección española de baloncesto, será recordado por la ausencia de Pau Gasol en la final, por la derrota de EEUU con Grecia en la primera semifinal o por el triple fallado por Nocioni en la otra semifinal entre España y Argentina. En aquel encuentro, clave para el campeonato, Sergio Rodríguez fue protagonista destacado saliendo desde el banquillo para liderar un parcial que nos volvió a meter en un partido del que nos estaban sacando Ginobili, Scola y compañía. Otras de las claves fueron los triples de Garbajosa, que al fin entraban tras la sequía en cuartos de final, y cómo no, los 19 puntos de Pau hasta el momento de su lesión. ¿Pero quién metió el tiro libre que colocó la ventaja definitiva en el marcador? José Manuel Calderón. El extremeño, que venía de su primera temporada en la NBA, recibió la falta en cuanto pasó el medio del campo; los argentinos querían la última bola. Calderón podía colocar dos arriba a España, pero el primer tiro libre se salió de dentro. La tensión era terrible. La cara de Pau en el banquillo expresaba el sentimiento de una afición y un país que ya se veían en la final. Calderón botó y botó, y volvió a botar, hasta tres veces. Y el segundo tiro libre entró para poner el 74-75 que nos dio el pase a la final de un campeonato del que el 8 de la selección salió con el conocido apodo de Mr. Catering. Se lo puso Andrés Montes, por supuesto. Y Calde lo ha llevado con orgullo desde entonces hasta que el pasado 21 de agosto decidió poner fin a su trayectoria con la selección después de ocho medallas y 193 partidos.
 
No todo han sido buenos momentos en esa trayectoria. No pudo jugar la mítica final de Pekín en 2008, ni el Eurobasket de Polonia al año siguiente, ni el Mundial de Turquía en 2010. Pero siguió trabajando, consciente de que volvería a llegar su momento. Y llegó un año después metiéndole 17 puntos a Francia en la final del Europeo de Lituania, frente a Tony Parker. Calderón estaba de vuelta. En los años anteriores, los más difíciles de su carrera, había conseguido quedarse a diez lanzamientos del récord de la NBA de tiros libres consecutivos sin fallo, que llegó al final en enero de 2009, después de 87 tiros libres anotados. Casi diez meses resistiendo la presión mediática que suponen este tipo de récords. 

A lo largo de todos estos años, Calderón ha sido para la selección un continuo acicate para no relajarse nunca. Una de las claves para dar ese paso que diferencia un buen equipo de un gran equipo: el trabajo, la insistencia, la humildad en el día a día. Le recuerdo declarando en más de una ocasión que lo importante siempre es ganar cada cuarto al rival, es decir, seguir trabajando hasta el final, no despistarse, ese ir partido a partido que tantos otros han seguido como filosofía. Imposible ver un tiempo muerto de la selección sin Calderón hablando, dando instrucciones, ofreciendo consejo. Siempre ha sido uno de esos jugadores que tienen el juego en la cabeza, que llevan la dirección en la sangre. 

Todos le echaremos de menos. Echaremos de menos cada verano su gesto tras meter un triple, sus penetraciones a canasta, su manera de flexionar y bajar el culo para defender al base rival, o esa manía compartida por muchos de sacarse el protector bucal. Que vaya bien en los Lakers, se lo merece. Será su sexto equipo en la NBA. Pero vaya como vaya a partir de ahora, Calderón lo habrá intentado, lo habrá dado todo, dentro y fuera de la pista. Así es como ha conseguido ser uno de los mejores bases que la selección ha conocido, uno de esos líderes imprescindibles en todo vestuario. Así es como ha conseguido hacerse un hueco en el corazón de los aficionados allí por donde ha pasado. Y así es como se lo hemos contado, que decía aquel.

17 de agosto de 2016

Londres 2012, la final de la marmota

Tras la ilusionante desilusión de Pekín ocho años antes, Londres se planteó para muchos como la revancha necesaria. Estados Unidos acudía a Londres con un equipazo y una nueva estrella en el firmamento, Kevin Durant, dispuesto a demostrar que nada tenía que envidiar a Lebron James y Kobe Bryant. Pero esta selección española tiene una característica que sólo tienen los grandes equipos: se crecen cuanto mayor es el poderío del rival. Y así sucedió de nuevo aquel 12 de agosto de 2012 en el North Greenwich Arena londinense, ante más de trece mil espectadores que volvieron a vivir en directo un duelo que ya se ha convertido en un clásico de las finales olímpicas.

Habían cambiado algunas cosas desde 2008. En lo político, Rajoy había ganado a Rubalcaba la pelea por la presidencia del gobierno meses después de que surgiera el movimiento 15-M en la madrileña Puerta del Sol, año 2011. Montoro había puesto en marcha su “regularización de rentas y activos”, amnistía fiscal para los de la Logse. Urdangarín había pasado de Duque empalmado a imputado, al tiempo que Jaume Matas era condenado a seis años por delitos de diversa realeza y Rato dimitía como presidente de Bankia. Todo muy entretenido y acompañado de estrenos como Lo imposible de Bayona, Django desencadenado de Tarantino o Argo (pero poco) de Ben Affleck, sin olvidarnos del acontecimiento que marcó aquel año a nivel mundial: el tercer álbum de estudio de Justin Bieber, Believe. Que era precisamente lo que sentíamos todos respecto a la selección española de baloncesto cuando se enfrentaba a EEUU. Justin, así, como hermeneuta de lo real, como intérprete del sentir general. Cuatro años después de Pekín, se podía ganar. Sólo había que creer.

España venía de ganar dos europeos consecutivos, el segundo en Lituania para desquitarse de la eliminación en cuartos contra Serbia en el Mundial de Turquía de 2010 (aquel triple de Teodosic), donde EEUU ganó el oro frente a los anfitriones. En cuanto a la rotación, ahora teníamos a un Marc Gasol más experimentado y a Serge Ibaka, tipos fundamentales a la hora de hacer frente a selecciones con mayor presencia física, con treses altos y una gran capacidad reboteadora. Y en el banquillo se sentaba en esta ocasión Sergio Scariolo, que a pesar de ser criticado por muchos (faltaría más), sólo sabía ganar desde que se pusiera al frente de la selección en febrero de 2009.

EEUU llegó a la final como un vendaval, con Durant como estilete. En la primera fase superaron todos los récords frente a Nigeria. 156-73 en el marcador, ochenta y tres puntos de diferencia, conseguidos en parte a base de meter 29/43 triples, diez de ellos de Carmelo Anthony, que terminó con 37 puntos. Al descanso, EEUU llevaba 78 puntos, más de los que consiguieron meter los nigerianos en todo el partido. Un festival que intimidaba, por mucho que los nigerianos fueran una selección menor. Por su parte, España había resuelto la primera fase con dos derrotas frente a Rusia (74-77) y Brasil (82-88) en la última jornada del grupo. Los cuartos nos enfrentaron a Francia, 66-59 para los de Scariolo. Y en semis pudimos vengarnos de Rusia apeándoles de la final clavando casi el marcador del partido anterior, 67-59. Llegaba así de nuevo la reválida contra EEUU. ¿Podríamos con ellos en esta ocasión? Algo ya habíamos conseguido: que a nadie le pareciera una locura plantearse la victoria. Nos habíamos ganado el crédito internacional cuatro años antes obligando a los estadounidenses a jugar al límite para ganar el oro. Queríamos repetir el partido, sólo que modificando el resultado final.

De entrada Scariolo puso en pista a Calderón, Navarro, Rudy y los hermanos Gasol. Empezamos muy bien, aún mejor que en Pekín. Navarro inauguró el marcador español con un 3+1 sobre Kobe Bryant. Las canastas estadounidenses eran contestadas una tras otra con solvencia. Un gancho de izquierdas de Pau y otros dos triples de un inspiradísimo Navarro (19 puntos en la primera parte) colocaban el 12-7 que confirmaba la candidatura al oro. ¡El 4 y el 7, Damiel, el 4 y el 7!, que decía Andrés Montes. Pau y Navarro, Navarro y Pau. Entre los dos sostuvieron en ataque las embestidas iniciales de los pupilos de Mike Krzyzewski, que cuatro años después repetía presencia en la final al frente del team USA. Pero otra pareja que tal baila, Kobe Bryant y Carmelo Anthony, querían colgarse su segundo oro. Y malo cuando dos tipos como estos quieren algo. Malo si estás en el equipo contrario, claro; como espectador es una delicia. Entre ambos lideraron a los estadounidenses para imponerse en el primer parcial. 35-27. Nos esperaba otra final con marcador alto.

El segundo cuarto arranca con Ibaka y Sergio Rodríguez en pista. Y España se pone a cinco con triple de Rudy. Y a tres después de una canasta de Pau sobre un impotente Kevin Love. Las sensaciones eran muy buenas, le jugábamos de tú a tú a un equipazo. Y así fue hasta el descanso. Si Chandler palmeaba en ataque, Chacho contestaba con un triple liberado. Si Kobe anotaba en suspensión, Sergio Llull clavaba un triple lateral. Si Durant corría el contrataque como pantera desbocada, Ibaka lo emulaba en defensa taponando los caminos hacia el nido español. Así hasta el apretado 58-59 con el que los jugadores se fueron a vestuarios. Todo podía pasar.

El tercer cuarto fue el cuarto de Pau. Quince puntos para él sin fallo en el tiro, incluidos cuatro tiros libres. Canastas de todos los colores, por aquí, por allá, otra vez por aquí pero de otra forma, y ahora un mate en estático, ahora uno en contraataque, pero ojo que también te la meto de gancho con la izquierda. ¿Qué más quieres, quieres más?, que le decía Chavela a La Llorona. Seguramente Chandler y Love, los defensores de Pau, aún recuerdan con cariño aquellos diez minutos de master class del mayor de los Gasol. Y mientras tanto, España a un punto, 82-83, a falta tan sólo de un cuarto para el final. Sólo había un problema: los triples. Ni uno sólo en toda la segunda parte. Demasiado lastre en tiempos postmodernos.

El último cuarto comienza a rodar con canasta fácil de Lebron bajo el aro, contestada por una penetración de Llull. Cinco puntos seguidos de Paul ponen a EEUU seis arriba. Nadie anota en los siguientes dos minutos, parece que empieza a notarse el cansancio y los nervios. Rompe la sequía Marc con una canasta marca de la casa. 86-90 y faltan seis minutos y medio. Kobe falla el triple, pero cogen el rebote en ataque y Durant sí acierta desde más allá del arco. Tiempo muerto en pista, y como advierte el Martín Fierro, atención pido al silencio y silencio a la atención, que voy en esta ocasión, si me ayuda la memoria, a contarles que a esta historia le faltaba lo mejor.

España era incapaz de meter desde fuera. Había que defender como nunca y tirar de garra como siempre, sacar el incansable talento de este equipo para no desfallecer. Y eso fue lo que se hizo. Una canasta de Navarro y otra de Rudy a la contra nos ponen a seis a falta de menos de cuatro minutos, 91-97. Carmelo pierde el balón y Krzyzewski pide tiempo muerto. Señores, que nos la lían, debió de decirles, o algo semejante. En el banquillo español se volvía a creer, se seguía creyendo. Los estadounidenses vuelven con el puñal entre los dientes y el codo a la altura del cuello. Marc machaca para mantener la desventaja en seis puntos, pero a España le cuesta un mundo anotar, la zona es territorio comanche. Entonces Lebron se viste de Kobe en Pekín y enchufa un triple letal a falta de dos minutos, 93-102. La final se escapa de nuevo. Una bandeja de Paul sentencia el partido definitivamente. Otra vez el mismo braceo, la misma orilla. Por un momento parece que Bill Murray va a aparecer para narrar los últimos instantes junto a la marmota. De nuevo, no pudo ser. De nuevo, medalla de plata. Y tan bien, porque aunque la plata duela, plata se queda, que diría Justin.

16 de agosto de 2016

Pekín 2008, un paso más

El cuarto álbum de Supertramp, año 1975, lleva por título Crisis? What crisis? En la portada, un hombre descansa sentado junto a sombrilla naranja y una mesa blanca con un periódico, un cubata y una botella. Los pies del tipo reposan sobre una alfombrilla a juego con la sombrilla, junto a la cual vemos un radiocasete que suponemos encendido. Todos estos elementos resaltan en colores vivos que contrastan con el blanco y negro que los rodea, un entorno con fábricas humeantes, decadencia y suciedad. Veintitrés años después de su publicación, aquella portada y aquel título se convirtieron sin quererlo en el perfecto resumen de la situación política y económica en España, donde Zapatero fue reelegido en marzo a fuerza de citar día tras día a Supertramp. En esas estábamos en lo político cuando, en agosto, España y Estados Unidos nos regalaron el que muchos dicen que fue el mejor partido de la historia del baloncesto: la final de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Con la plata de Los Ángeles´84, el baloncesto español había conseguido un éxito sin precedentes, un momento estelar que significó un antes y un después. Dos años más tarde se esperaba con ansia el Mundial en nuestro país, pero caímos en cuartos, igual que en los siguientes Juegos Olímpicos, los de Seúl´88. Parecía aplacarse de alguna forma la ilusión generada en el 84, sensación que aumentó tras el legendario angolazo en los Juegos de Barcelona, que terminó con la longeva etapa de Díaz Miguel al frente de la selección española. Tocaba renovar, tocaba conseguir que aquel éxito de Los Ángeles pasara a asentarse en la realidad de la élite internacional. Tocaba dar un paso más. Y entonces llegaron los juniors de oro. Todo empezó en Lisboa, ya saben, con la victoria en la final del mundial sub-19 frente a EEUU. Felipe Reyes, Carlos Cabezas, Berni Rodríguez, Juan Carlos Navarro, Pau Gasol. Nombres que competición tras competición se fueron acostumbrando a ganar, a estar siempre en las últimas rondas, a ser favoritos. Y a dar un alegría tras otra.

"Kobe nos salvó de la derrota contra España en 2008". Lo ha dicho Mike Krzyzewski hace apenas unas semanas. No era ningún secreto. La Mamba metió trece puntos en el último cuarto de aquella final olímpica. Y los metió cuando los estadounidenses llegaron a pensar que podían perder y las manos empezaron a temblarles como si fueran humanos. Pero Kobe no lo es del todo, por eso asumió la responsabilidad para ganar su primera medalla con EEUU, una medalla de oro que, por momentos, llegó a peligrar.

El partido se jugó el 24 de agosto, 24 años después de la final de Los Ángeles. Fernando Romay, uno de los héroes de aquella primera medalla, comentó la final para RTVE. Al comienzo de la narración, le costaba encontrar las palabras. Estaba igual de nervioso que el resto de aficionados españoles. Sabíamos que si todo salía bien, había opciones de pelear la victoria, de estar ahí, de meterle el miedo en el cuerpo al conocido como Redeem Team, que estaba dispuesto a recuperar el prestigio perdido en el Mundial de Atenas de 2004, donde Duncan, Iverson, Odom y compañía perdieron frente a Puerto Rico, Lituania y Argentina. En esta ocasión, la selección estadounidense llegaba invicta a la final con siete victorias, incluyendo una paliza frente a España en la fase de grupos, 82-119. En el banquillo español se sentaba aquel verano Aíto García Reneses, que avisó antes de la final: las cosas iban a ser muy distintas a ese primer enfrentamiento.

Los cambios empezaron ya en el quinteto inicial que salió a pista. Llegábamos con la baja de Calderón, base titular a lo largo del campeonato. Aíto apostó por darle el mando a un joven Ricky Rubio. Junto a él, Juan Carlos Navarro, Carlos Jiménez, Felipe Reyes y Pau Gasol. Estados Unidos, por su parte, no varió el quinteto habitual: Jason Kidd, Kobe Bryant, Lebron James, Carmelo Anthony y Dwight Howard. El partido empieza con un triple de Lebron que Pau contesta con un 2+1 en el siguiente ataque. Suya fue también la siguiente canasta española, un mate en contrataque tras asistencia de Ricky que nos daba la primera ventaja. Aunque duró poco. Un triple de Carmelo devuelve la delantera a EEUU, que vuelve a perderla gracias a un triple de Jiménez. Y así todo el primer cuarto, un toma y daca que anunciaba lo que venía por delante. Kobe y Lebron se pusieron muy pronto con dos faltas, una buena noticia a pesar de que no eran cojos los recambios: Deron Williams y Dwyane Wade, uno de los mejores de la final. Los primeros diez minutos terminan con un tirón de los estadounidenses que les da siete puntos de ventaja, 31-38.

El segundo cuarto arranca con la primera presencia en pista de Rudy Fernández, que no pudo evitar un triple de Kobe que ponía diez por delante a EEUU. Algunos hacían sonar ya las alarmas -¿se repetiría la paliza de la primera fase?- mientras comenzaban las quejas por la permisividad arbitral con los pasos y la agresiva defensa de los de Krzyzewski. Era el primer momento delicado, España un tanto descentrada y el Redeem Team trece arriba después de otro triple de Carmelo. Pero poco a poco, los de Aíto fueron recortando. Dos tiros libres de Ricky, que no parece acusar la juventud, una canasta de Pau tras rebote ofensivo, dos tiros libres de Jiménez. Todos ayudan, Marc Gasol, Berni Rodriguez, Alex Mumbrú. Todos suman al menos algún punto –y lo que no son puntos- cuando están en pista.

Y entonces llega una de las decisiones del partido, a cargo de Aíto, que con la baja de Calderón se ve casi obligado a jugar con Navarro de base para dar descanso a Ricky. Y después de pasarlo mal durante todos los Juegos, muy errático, Navarro decidió marcarse una exhibición de pase, anotación y liderazgo (además de un sarcasmo final maravilloso, aquellos pasos voluntarios no pitados en el último segundo). La primera parte terminó con 61-69 (cuántas finales de la Euroliga con un marcador similar). Sólo ocho abajo. Estábamos ahí. Habíamos aguantado el primer tirón estadounidense. Wade lideraba la anotación con 21 puntos, mientras Rudy hacía lo propio en España con 13.
La segunda parte empieza con dos canastas de Felipe Reyes, gran torneo el suyo, mientras Ricky sigue sorprendiendo a propios y extraños con su desparpajo y su defensa sobre Kidd y Chris Paul. Una canasta de Pau frente a Howard y dos bombita de Navarro colocan a cuatro a España, que tiene que sentar a Rudy por cuatro faltas. Tiempo muerto de Estados Unidos mediado el tercer cuarto. ¿Empiezan a preocuparse? Tras el parón vuelve Wade, máximo anotador, y EEUU consigue marcharse de nuevo, 82-91 al final del cuarto a pesar de otro canastón de Navarro en el último ataque.
El último periodo comienza con un corrillo de los americanos, que se conjuran para ganar el oro, pero dos canastas de Pau y un triple de Rudy nos ponen a dos puntos. La locura se instala entre la afición española. A estas alturas, hasta los más escépticos se veían ganando a EEUU una final olímpica. 89-91 a falta de ocho minutos. Un triple de Williams y un mate de Howard después de cinco minutos acampado en la zona rebajan la euforia por un instante. Pero Rudy devuelve la ilusión con otro triple. 92-98, justo antes de meter la canasta de la final, la más espectacular, la más recordada. El mate sobre Howard. Llega tras una canasta de Lebron. Rudy sube el balón, le defiende Kobe, que no consigue pasar el bloqueo de Pau. Howard ayuda y sigue a Rudy en la penetración, pero llega una décima tarde, cuando el mallorquín ya ha hundido el balón en el aro. Es el póster de la final, el momento que le abriría a Rudy las puertas publicitarias de la NBA. Y vino acompañado de falta con tiro libre. 95-103 a falta de cinco minutos. Puede verse la preocupación en el rostro de los estadounidenses, comenzando por su entrenador. No consiguen romper el partido. Después de un par de minutos de reposo, vuelve Navarro a pista. Para jugar de base. Pau mete dos tiros libres y una canasta de media distancia (ya es el máximo anotador del torneo). 99-104 y tres minutos para el final. Las gradas se ponen de pie, el banquillo español es incapaz de controlar los nervios. Y entonces llega el triple de Kobe, con falta de Rudy. 3+1 y La Mamba manda callar al personal. Pero España se negaba a perder, otra bombita más de Navarro y un triple de Jiménez ponen el 104-108 a falta de 2:20. Wade contrataca con un triple, se van de siete. Navarro nos vuelve a acercar con un tiro libre, pero un triple fallado por Jiménez y una canasta de Kobe en el lado contrario sentencian la final definitivamente. 

Se perdió por 118 a 107. Estuvo cerca, muy cerca. Queda el consuelo de haber disputado uno de los mejores partidos que se recuerdan, sin duda la mejor final olímpica de la historia. Con esa plata, España y la generación de oro completaba un ciclo maravilloso: oro en el Mundial de Japón, plata en el Europeo de España y plata en los Juegos de Pekín. Se había dado el paso definitivo para instalarse en la élite. Un año después llegaría el oro en el Europeo de España, y en los siguientes Juegos, una nueva final contra Estados Unidos. Pero no adelantemos acontecimientos.