20 de noviembre de 2010

29 de octubre de 2010

La grandeza de lo pequeño

Ha muerto David Lagmanovich, un grande de lo pequeño, del microrrelato. Quizás ahora empiece a leerse más.

Ahí va un trío de (e)lecciones, una teórica y dos prácticas:
-El microrrelato: teoría e historia. Menoscuarto, 2006.
-Los cuatro elementos. Menoscuarto, 2007.
-La otra mirada. Menoscuarto, 2005 (antología del microrrelato hispánico recopilada por Lagmanovich).


22 de octubre de 2010

Cambada

Dícese de la frase o párrafo escritos por Julio Camba.

Hay dos procedimientos principales para dejar el tabaco: el gradual, que no da resultado casi nunca, y el radical, que fracasa casi siempre.
Del artículo Anatomía de un vicio.

Dichosos los personajes del cine mudo porque, no pudiendo expresarse en ningún idioma, eran comprendidos por igual en todos los países del mundo.
Del artículo La flauta y el trombón.

Todas las generalizaciones son falsas, esta generalización también es falsa, y si esta generalización es falsa, entonces no son falsas todas las generalizaciones.
Del artículo La razón de la sinrazón.


15 de octubre de 2010

El ansiado prestigio de la comedia

Howard Jacobson ha ganado recientemente el Booker con la novela The Finkler question. No conozco a este escritor, pero lo importante, si es cierto lo que dicen, es que es un libro de tono humorístico (sobre lo que significa ser judío en la actualidad). Esperemos que este premio -que pasa por ser el más reconocido en lengua inglesa- ayude, de alguna manera, a la literatura que pretende hacer reír sin renunciar a la seriedad, al compromiso artístico, con todo lo que este conlleva. Y cuando digo "ayudar" me refiero a darle el prestigio que no tiene, aunque quizás esta carencia afecte más a los premios y reconocimientos públicos que al lector o al espectador. Porque lo mismo pasa con el cine. ¿Por qué nos cuesta tanto otorgar la calidad de buena, con todo lo que el término tiene de vago e insustancial, a una película que nos haya hecho reír y sin embargo, no nos cuesta nada alabar una historia que nos haya hecho, por ejemplo, llorar? ¿Por qué la superioridad de lo trágico frente a lo cómico? ¿Acaso las películas de Wilder o Lubitch son peores o merecen un prestigio menor que las de Fritz Lang o Rossellini? Son caminos distintos, nada más.

UNO, DOS, TRES - Billy Wilder (1960)


NINOTCHKA - Ernst Lubitsch (1939)



ANEXO (18 de octubre): Eduardo Mendoza ha ganado el Planeta, que no es el más prestigioso en lengua española, como parece ser el caso del Booker en lengua inglesa, pero sí el que más lectores tiene (o al menos compradores). Así que buena noticia de nuevo para el humor.

Nostromo 04: Eduardo Mendoza, Humor y Literatura


14 de octubre de 2010

Perfopoesía AUTÉntica

Decíamos ayer (en el anterior post) que para hacer perfopoesía se utilizan los medios que uno considere más oportunos con el fin de sacar un poema del papel o la pantalla. En el caso de Luis Eduardo Aute, que ayer actuó en el festival, estos medios se ceñían a un vaso de whisky rebajado con agua y un espontáneo cigarrillo que solicitó en mitad de la actuación.


Después de una presentación prescindible, el poeta, que al tiempo es compositor, cantante, pintor y director de cine, hace acto de presencia en la tarima de la carpa que lo acoge junto a una nutrida mezcla de gente de variada edad, todos jóvenes, eso sí, al menos si es cierto aquello de que la juventud no viene marcada por la cercanía o lejanía de la muerte, al fin y al cabo una zorra impredecible, sino por la manera en que se afronta la vida. Aute, que carga con su orondo libro, se sienta y explica que le encantan los juegos de palabras y que no sabe definir los textos que va a leer. No son aforismos, no son greguerías, dice. Pertenecen a AnimaLhada (Siruela, 2005), se le ocurrió llamarlos poemigas, y fueron escritos con la esperanza de que en algún caso alcanzasen vuelo poético, aunque lo dudo, aclara el autor con modestia, o quizás con un aplastante –e incomprensible para los demás- conocimiento de su creación, del origen y las causas de esa creación. Lo que resulta evidente son las consecuencias: risas y carcajadas continuas, producto del tremendo ingenio que emanan los juegos de palabras del poeta; y después, la reflexión, ya sea crítica, filosófica o puramente literaria, lingüística, pero siempre con el regusto del humor, con la sonrisa en la boca.

Un fenómeno Luis Eduardo, un humorista –quién iba a decirlo escuchando sus canciones, su voz grave, ajada, pesimista- atrapado en el cuerpo de un poeta. Suerte que Perfopoesía nos haya permitido disfrutarlo.

13 de octubre de 2010

Poesía a pie de calle


¿Qué es la perfopoesía? Responde Antonio G. Villarán, director del festival: es la acción de llevar el poema fuera del papel o la pantalla usando los medios que mejor se estimen oportunos para ello. Más allá de definiciones, la perfopoesía es la poesía misma. Y en este caso, la poesía sale a la calle a buscar a sus lectores. O mejor dicho, a sus espectadores, a sus oyentes. Y esto no es más que ampliar el campo de acción de la literatura, sacarla de ese salón con chimenea y sillón orejero en el que a veces la recluimos, airearla al menos durante una semana, en la calle, allí donde reside la poesía, porque es allí donde se mueven las almas, donde vagan, donde se cruzan sin un verso que llevarse a la boca. Bienvenidas sean ideas como éstas.

11 de octubre de 2010

Impresiones

¿Puede ser comparado el periodista con un trabajador sometido a la voluntad del amo? [...] El periodista, la enorme mayoría [...], ha de vivir sometido, efectivamente, a esa tiranía [...] Poco a poco vemos que las trabas y las prohibiciones se enroscan a nosotros. Primero, nos rebelamos; después nos dejamos invadir por el desaliento; luego nos conformamos porque ya no hay más remedio, porque hemos ido demasiado lejos y no podemos retroceder [...] Y vamos tejiendo sin fe nuestra obra, dejándonos fecundar de mala gana por espíritus y convicciones en pugna con las nuestras.

Esto los escribió Wenceslao Fernández Flórez en 1916, en una de sus crónicas políticas recogidas en el libro Impresiones de un hombre de buena fe (Austral, 1964), una joya del ingenio y la sátira. A mí me parece que todo sigue igual. Y ha pasado casi un siglo.




Por otro lado, me parece curiosa la mención que hace Fernández Flórez a la obra de un periodista. En la actualidad se habla de obra si el implicado es un pintor, un fotógrafo, un escritor, un arquitecto, un director de cine. Pero no si el sujeto es periodista, con la excepción de determinados autores que de cuando en vez publican en forma de libro una recopilación de sus artículos (en la mayoría de los casos suelen ser autores más cercanos a la literatura que al periodismo, aunque publiquen con determinada frecuencia en algún medio). Es posible, se me ocurre, que algunos no perpetrasen los artículos y reportajes que perpetran si tuvieran esa conciencia de obra, si pensasen que lo que están escribiendo y publicando con nombre y apellidos –aunque el texto no comulgue con sus ideas y principios sino con los de instancias superiores- va a quedar ahí para siempre, en las hemerotecas ahora digitalizada. Pero se trata tan sólo de una ocurrencia, una impresión, que, como suele ser habitual, peca de nocturnidad. Aunque no de alevosía.

7 de octubre de 2010

Asuntos propios



El libro empieza citando a Pessoa, que es una buena manera de empezar. Después te encuentras horarios esclavos que encarcelan, una oda a la resaca, vacunas contra uno mísmo, hojas de muerto que nos hacen compañía, dudas, quimeras, niños como narcisos suplicantes de atención, la vida al final. Y luego, previo paso por Gil de Biedma y sus días escasos y laborables, encuentras el Breviario y enciendes el cigarrillo que se había apagado, presa del olvido, de la lectura. Aquí se cruzan cuatro manos en la ducha en busca de compasión, lo que tú llamas amor pero el poeta llama rutina, sumisión, dependencia, miedo a caminar solo. Piensas entonces, con el sosiego mudado en insomnio, si la verdad es un prejuicio, lo que deviene en silencio y en una llamada a los distractores de la memoria, a los amigos interesados del olvido, a los forjadores de dogmas, a los elaboradores de teorías con nuestra ciega ignorancia. Todos ellos aumentan la plaga. Por fortuna hay besos que no mienten y días de veinticuatro horas. Y memoria compartida, diálogos con sombras, bocas desnudas que no hablan de lo mismo ni de la misma forma que si estuvieran vestidas. De repente, el poeta confiesa que escribe porque conviene pensar que el azar no es el completo dueño del sueño y que ser futuro propietario de las horas bien merece el esfuerzo de llenar hojas vacías hasta la estupidez. Y nada más, para qué. Mejor aprovechar que la gente habla para guardar silencio.

ASUNTOS PROPIOS
Javier Anisa Prior
Ed. Poesía eres tú, 2010

5 de octubre de 2010

Quimera 322

No es la próxima película de Monzón. Es la última obra publicada de Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970). ¿Es un libro? ¿Es una revista? Por lo visto y escuchado, es lo mismo que uno se pregunta al leer Alba Cromm, novela del mismo autor, de quien no he leído nada hasta el momento, con la excepción de habituales paseos por su blog. O eso creía yo hasta hace un par de días.


El número 322 de la revista Quimera, correspondiente al mes de septiembre, venía dedicado al divertido arte de la impostura literaria, que nada tiene que ver, en este caso, con determinados premios, sino con ese jugosa tarea de la falsificación y el engaño que estrecha los límites de lo que llamamos realidad (y ensancha los de la ficción, o quizás sea al revés) al tiempo que amplia nuestro sistema de alerta como lectores y como seres pensantes, cada vez más sedado gracias, entre otros muchos tranquilizantes, a esos mundos fáciles y literales de los que hablaba Sorela hace poco en Letras Libres (ver anterior post), si bien en un contexto radicalmente distinto a este y que no viene al caso.
El número me gustó, incluso más de lo habitual en algunas secciones, como el manifiesto final firmado mensualmente por Manuel Vilas y Agustín Fernández Mallo, por ejemplo. Sentí interés por los dos escritores que se entrevistaban, ambos desconocidos para mí: Lorenzo Ibaterra y Yolimar Ford-Echeverría. Respecto a la segunda, me sorprendió, en cierta manera, que la escritora no mostrase su rostro en ninguna de las dos fotos que acompañan al texto. En cuanto al segundo, busqué su nombre en google y no encontré nada. Miré en el catálogo de Pre-Textos, la editorial que había publicado el libro, según decía la entrevista. Nada. Ni rastro de Ibaterra. Me di cuenta entonces de que en la portada ponía “Ibaterra” y en la entrevista “Ibarreta”. Busqué en google otra vez, ahora con Ibarreta. Nada. Frustrado, incluso envié un mensaje por facebook a la redacción de Quimera para que me aclararan el apellido verdadero de este escritor, pues quería leer su libro de cuentos “teleoeconómicos”. No recibí respuesta, y me extrañó. Como también me extrañó la ácida reprimenda (con magnífico título) que recibía un libro de Vicente Luis Mora en la sección de críticas. Pasado el tiempo, viaje a Dublín mediante, llega a mis manos un ejemplar del Cultural, y en él leo algo que me deja perplejo. El número 322 de Quimera es una impostura literaria. Entero, desde la primera hasta la última línea. Una metafalsificación. La perfecta conjunción entre teoría y práctica Todo lo ha escrito Vicente Luis Mora, a quien ahora sí, he leído. Se ha inventado escritores (cuentistas, poetas, novelistas, ensayistas), se ha inventado libros, se ha inventado críticas, ha suplantado a colaboradores habituales de la revista (Germán Sierra, Damián Tabarovski, Vilas y Fernández Mallo). Una enorme ficción que, gracias a meses de trabajo y a la colaboración de Quimera (revista de tirada nacional, prestigiosa), se va a convertir en una de las obras más originales del año. Una creación que tiene la intención de responder, lo dice el autor, a la pregunta que tantos escritores nos hacemos (o deberíamos hacernos): hacia dónde debe caminar la literatura del siglo XXI. El propio Vicente Luis Mora reconoce que este experimento responde también a su antigua intención de hacer literatura en todos aquellos lugares que sea posible, utilizando al efecto cualesquiera formatos existentes. Intención lograda pues.
Para los que estéis más interesados en todo esto y en las relaciones entre realidad y ficción, visitad el blog del autor. En la entrada titulada El hoax de Quimera, explica el qué y el por qué de esta revista-libro que me hizo darme cuenta de varias cosas como lector. ¿Cómo puede ser posible que con esa serie de curiosidades un tanto extrañas que percibí –y como yo tantos otros lectores- mi cabeza no llegase a la conclusión de que toda la revista podía ser una impostura, sobre todo, teniendo en cuenta que el tema del número era precisamente ese, las imposturas? Y dejemos de lado la propia portada de la revista y que en la penúltima página, donde se incluyen los colaboradores de cada número, se confesase el crimen. Pero más allá de mi mayor o menor inoperancia y exhaustividad como lector en este caso (que hubiese sido más grave en el caso de que mi tarea fuese la de crítico y no la de escritor; y precisamente esto, la reflexión sobre la crítica actual, es uno de los objetivos de la obra), surgen otras preguntas. ¿Sabemos lo que leemos en realidad? ¿Somos conscientes de a qué y a quién le damos credibilidad y a qué y a quién le otorgamos nuestra confianza sin un ejercicio previo de crítica, sin un filtro personal que piense, que dude, que pruebe a mirar las cosas desde otro ángulo diferente al que se nos muestra como cierto, como verdadero, como real? ¿De verdad seguimos creyendo que una ficción –las hay que sí, claro está- sólo puede servir para entretenernos, por el mero hecho de ser ficción y no realidad? ¿Y quién me quita a mí ahora el interés por Ibaterra, un tipo que no existe, que es ficción? ¿Debería Vicente Luis Mora empezar a publicar cuentos bajo el seudónimo de Lorenzo Ibaterra?
En fin. Mi enhorabuena a todos los implicados en este número de Quimera. Ha sido un placer que me engañarais. Un placer pedagógico además. Doble placer. Y lo dejo ya, que esto empieza a parecer el anuncio de un vibrador.

4 de octubre de 2010

Busca compara imagina

Y si algo está hoy en crisis es lo imaginario. Vivimos en mundos literales, progresivamente unidos en uno solo, en los que está proscrita hasta la sugerencia de lo distinto. Con lo distinto no nos identificamos. No lo compramos. No es rentable. Y en estos prometedores comienzos del tercer milenio de la civilización occidental, ya se sabe lo que le pasa a lo que no es rentable.
Pedro Sorela, escritor colombiano.

28 de septiembre de 2010

Apuntes dublineses

Llueve, como corresponde. Entramos en un callejón que comunica dos calles más amplias y transitadas. Escuchamos una melodía de piano cuya procedencia no acertamos a ubicar. Unos pasos más adelante nos encontramos un enorme bulto plastificado junto a lo que parece la puerta trasera de un local. Delante de la puerta hay un chico tratando de que los goterones no le mojen el cigarrillo. Nos damos cuenta entonces de que el enorme bulto es una mujer tocando el piano bajo un plástico que lo cubre todo, piano y mujer. El chico levanta unos plásticos más pequeños y nos ofrece sentarnos a escuchar el concierto en dos pequeños sillones. Lo dice Peter Haining en una antología de autores irlandeses publicada en España por La otra orilla en 2009 con el magnífico título de Beber para contarla: en Irlanda la música y la bebida son indisociables. Parece que la música y la lluvia también.



No se puede fumar en la habitación del hotel, así que, incapaz de idear algo para anular el detector (la ventana apenas se podía abrir una rendija), me decido a infringir la ley en el cuarto de baño, donde a mi entender, no corro peligro de ser descubierto por las autoridades hoteleras. Me vienen a la mente los años de instituto, cigarrillos furtivos que sabían a adulto. Para acompañar el humo leo a Joyce. Dublineses, traducción de Cabrera Infante, tapa blanda. Leo una frase de Un encuentro, el segundo relato: El que la escribió supongo que debe de ser un condenado plumífero que escribe estas cosas para beber. Pienso en Brendan Behan, el irlandés alcohólico con problemas de escritura al que cita Vila-Matas en Dublinesca y en un artículo en el que habla de Mi Nueva York, el libro de Behan. Y de repente, empapado por el humo que trata de escapar por el respiradero, con la literatura, el alcohol, Vila-Matas, Behan, y Joyce convocados por azar en un cuarto de baño dublinés, se me ocurre algo. Y no es un algo cualquiera para mí. Ese algo es el pegamento que necesitaba el (proyecto de) libro de cuentos que tengo en la cabeza desde hace un par de meses. Ese algo que es indispensable tener para que un libro empiece a tomar forma. No sé por qué, me gusta que el descubrimiento haya tenido lugar en el cuarto de baño de un hotel de Dublín, mientras leía un cuento de Joyce. Ya me lo advertía Vila-Matas en su novela: Quizá Dublín tenga razón. La tenía. Ahora hay que escribirlo, claro. Pero esa es otra historia.



En ese mismo cuarto de baño, convertido ya en musa de porcelana de tres estrellas, se me ocurre una idea para un cuento. La anoto en el móvil, pero justo antes de guardarla, el pulgar presiona la tecla equivocada. Se borra la nota. Salgo del cuarto de baño y anoto la idea en un papel, con un bolígrafo. Conclusión: Riba, el editor vilamatiano, se equivoca. Dublín no es la ciudad ideal para enterrar la imprenta.



En un restaurante italiano sirven el agua con hojas de hierbabuena. ¿Costumbre o subterfugio? ¿Para dar sabor o para quitarlo? Lo bebo imaginando que es un mojito.



Nunca antes había visto a tanta gente leyendo. En los cafés, en los pubs, en el autobús. Hasta caminando por la calle, a la altura del Trinity College. ¿Qué estaría leyendo para no poder esperar?



Yeats, el pintor. Lo descubro en la National Gallery: Yeats, el poeta, tenía un hermano que pintaba: Jack Butler Yeats. Un miembro del museo, un hombre pelirrojo muy amable, me explica que su cuadro más famoso fue The Liffey Swim, pintado en 1923, dos años después de la independencia irlandesa. El cuadro muestra una carrera de natación por el río Liffey, una competición que aún se sigue disputando y que en su día –la primera carrera tuvo lugar en 1920- atraía a gran cantidad de público. Yeats introduce entre ese público a un niño que trata de ver a los nadadores por encima de los adultos que lo rodean. El niño representa la infancia, el futuro de un país que, tras dar sus primeros pasos, se vio envuelta en una guerra civil en la que el enemigo estaba en casa




Kilmainhaim Goal
. La cárcel en la que estuvieron presos –y donde fueron ejecutados- la mayoría de los personajes clave en la independencia irlandesa (allí se filmaron The Italian Job -la versión original-, Michael Collins y En el nombre del padre). Funcionó como cárcel hasta 1924, fecha en la que terminó la guerra civil y en la que el último recluso fue puesto en libertad. Era Eamon de Valera, líder revolucionario que luego se convirtió en primer ministro y presidente de la nueva Irlanda. Actualmente la prisión es un museo, de nueve a cinco. Lo primero que te enseñan es la capilla. Allí se casó en 1916 Joseph Plunkett, compañero de Valera en el levantamiento de Pascua. Horas después fue ejecutado. Fue uno de Los 14, a quienes se recuerda con una cruz en el lugar en que fueron fusilados, en el patio de la prisión.



Winding Stair. Una librería junto al río, en la orilla norte. Libros de primera y segunda mano. Sofás para sentarse a leer y tomar un té, lámparas de novela y chimenea. Pregunto, just wondering, por autores españoles. Me indican una estantería en la sala más pequeña, en donde están las ediciones antiguas. Busco. Y encuentro. Sólo dos libros. Pepita Jiménez, de Valera, y El cuarto de atrás, de Martín Gaite. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que esa sala de la librería es en realidad el cuarto de atrás. Hecho en falta un piano bajo la lluvia para rematar la escena. Me entran ganas de escribir.

17 de septiembre de 2010

Tierra de escritores

Viaje a Dublín la próxima semana.
Alive alive oh!
¿Consejos y/o recomendaciones?




27 de agosto de 2010

Antipoética de la localización

Le preguntan a Woody Allen por el lugar en el que rodará su próxima película. Y él contesta: Todavía no lo sé. Tengo que hablarlo con mi mujer.

18 de agosto de 2010

Nostalgia


Suele creerse que la nostalgia es el ánimo de quien parte, de quien recuerda un lugar del cual se aleja. En realidad lo nostálgico es lo contrario. Mientras viajamos apenas hay tiempo para el recuerdo. Nuestros ojos están llenos. Nuestro músculos, cansados. Y sólo quedan fuerzas para seguir moviéndonos. Hacer maletas nos obliga a suspender el pasado. El tiempo resbala por la piel del viajero. Para el sedentario, en cambio, el tiempo pasa lento y deja huella. La quietud es el motor del recuerdo. La nostalgia recae en quien se queda. No hay nada que nos deje tan pensativos como acudir a una estación a despedir a otro, quedarnos viendo un transporte que se hace pequeño hasta desaparecer. ¿Cuál de los dos desaparece?


Andrés Neuman, en Cómo viajar sin ver.

23 de julio de 2010

Preguntas y respuestas

Hay escritores que responden preguntas y escritores que las plantean. Los primeros paren novelas; los segundos, cuentos.
Julio Ramón Ribeyro



22 de julio de 2010

Presentación


Dicen de este hombre que nació muy delgado y con bizquera, en un barrio de clase media de una Sevilla que aún veía la televisión en blanco y negro. Escribió su primera novela (inédita) mientras hacía la mili y desde entonces busca historias que contar. Se llama Salvador Navarro y hoy presenta la novela que le convirtió en finalista del Premio Luis Berenguer.

Ciudad: Sevilla
Lugar: FNAC
Hora: 20 h.

Se titula No te supe perder (Guadalturia, 2010), y la historia merece mucho la pena (y la alegría). Es una especie de novela negra perversa, con el maltrato como hilo conductor, donde lo importante no es tanto la acción, que también, como los personajes. Puede que Yann, uno de ellos, el que llena todo el libro, aparezca por la presentación. Estaremos atentos.


20 de julio de 2010

Cuerdas, tabaco y bocatas

No os fiéis de los grupos que no rompen cuerdas.

La frase es de Javier Vielba, compositor, cantante y guitarrista de Arizona Baby, con quienes tuve el placer de compartir la final del Mundial después de escucharlos tocar en Mojácar, en un bar cerquita de la playa, el Pachamama Rock. Tremendo lo que hay que andar para conseguir un paquete de tabaco con el que celebrar la victoria (menos mal que me acompañó el señor Hermo). Noche inolvidable (una vez más, se me puso la piel de gallina cuando el señor Marrón empezó con X´d out). Por cierto, Arizona va a ser el grupo que cierre el festival Músicos en la Naturaleza, donde va a tocar un tal Mark Knopfler.
Os dejo con un vídeo del concierto que dieron el día anterior en el Pulpop, al que también tuve el gusto de asistir (saludos chancleteros). El tema se conoce popularmente como "Bocata me comí". Escuchad y veréis.



19 de julio de 2010

Cuenta propia

Hay escritores que son síntoma de su tiempo y otros que son testigos. La clasificación es de Chirbes, don Rafael, que prefiere ser de los testigos. Para él un escritor tiene que ser una especie de alarma que alerte a la sociedad de los males de su época, esos males que el poder trata de ocultar (lo consigue). Todo poder es malo, dice, hay que escapar de sus garras, aunque no sea fácil. Pero un escritor no es un político, no tiene que prometer el paraíso en la tierra. Un escritor no es un cura, no tiene que prometer la vida eterna. Un escritor no es un psiquiatra, no tiene que ayudar a la gente a resolver sus problemas mentales con consejos mejor o peor escritos. Qué es entonces un escritor, podemos preguntarnos, cuál es su función social. Chirbes opina que en la actualidad, ninguna, o no la que debería. Me remito a Max Aub, citado y admirado por Chirbes (también valenciano), para tratar de encontrar una respuesta. Dice Aub en El laberinto mágico: Hoy se ha olvidado mucho, dentro de poco se habrá olvidado todo. Claro está que, a pesar de todo, siempre queda algo en el aire. Ese algo es lo que persigue el escritor. La literatura es una especie de memoria del olvido, de todo eso, como dice Vila-Matas en su Bartleby y compañía, sobre lo que la mirada contemporánea, cada día más inmoral, pretende deslizarse con la más absoluta indiferencia. Escribimos para un improbable futuro desde un presente que se agarra al pasado más o menos inventado. Vivimos en el aire. Y este aire es más respirable cuando se leen libros como el de Chirbes (Anagrama, 2010).
Da gusto encontrarse con un punto de vista tan refrescante. Y la frescura no viene de la mano de la juventud ni va vestida de atractivos colores (Chirbes tiene 61 años y parece sacado de la puerta de una casa de pueblo), lo que podría indicarnos lo relativa que es la edad, y más si hablamos de la edad literaria.



En uno de los textos, el autor hace referencia a una frase de Víctor Hugo: La revolución es pasar de la retórica a la realidad. Es decir, añade Chirbes, hay que contar lo que hay, mal que les pese a los políticos, reyes, primeros ministros, escritores, clérigos y papas, mal que les pese a quienes se sienten hijos privilegiados de una gran patria o de patrias chiquitas. Este es el espíritu del libro y el espíritu de este testigo de su tiempo. Uno de los motores de su escritura, me atrevo a conjeturar: contar lo que hay, lo que hubo, para entre otras cosas, saber lo que seguramente habrá. Y saberlo por cuenta propia.
El libro nos pasea por un amplio recorrido de lugares que va desde alguno de los maestros del autor, Fernando de Rojas (brillante el ensayo sobre el lenguaje del autor de La Celestina), Cervantes, Galdós (a quien reivindica con fervor argumentado), hasta escritores que fueron sus contemporáneos, como Martín Gaite (su locutora) o Vázquez Montalbán, sin olvidar todo tipo de consideraciones literarias (y sobre la escritura) del pelaje más variado. Pero los textos que, en mi opinión, tienen más fuerza del libro son los titulados De qué memoria hablamos y Una nueva legitimidad. Son un claro ejemplo de eso que llamamos pensamiento crítico. Suponen una perspectiva a la que no solemos asomarnos. Son dos textos que debería leer todo el mundo, en especial algunos (no daré nombres), por aquello que decíamos de la cuenta propia con la que deberíamos pensar. Pero sobre todo, y parafraseando al otro gran Iniesta (Robe), hay que leerlos porque abren las mentes socialadormecidas y ensanchan el alma, sin necesidad de que tiemblen las montañas. Y dejan claro que Chirbes prefiere ser un indio antes que un importante abogado. Testigo antes que síntoma. Escritor antes que esclavo.



Algunas frases del libro:

Una ficción lograda encarna la subjetividad de una época.

...la convicción de que sólo la fuerza de una idea puede ayudarnos a seguir adelante en un mundo en el que todo es inseguro y hostil; cuyo sentido no se encuentra, sino que se construye (sobre la herencia de El Quijote)

Habría que cumplir con la obligación de contar nuestro tiempo, meter el bisturí en lo que este tiempo aún no ha resuelto -o ha traicionado- de aquel, y en lo que tiene de específico.



16 de julio de 2010

Microrrelatos inconscientes (I)

TIEMPO
Con todas nuestra fuerzas hemos luchado para que no llegase el invierno. Nos hemos agarrado a todas las horas tibias, y a cada puesta de sol hemos procurado sujetarlo en el cielo todavía un poco, pero ha sido inútil. Ayer por la tarde el sol se ha puesto irrevocablemente en un enredo de niebla sucia, de chimeneas y de cables, y esta mañana es invierno.

Primo Levi, en Si esto es un hombre