31 de enero de 2010

Historia de un intento o cómo guardar las formas

La lluvia caía tras los cristales con una monotonía especialmente melancólica mientras yo, sentado en una silla de tela azul, concentrado frente al papel reciclado (de un color que me recordaba al envoltorio en el que mi madre guardaba siempre el pescado), trataba de escribir una de esas largas novelas de chimenea y sillón orejero, al estilo de los grandes maestros rusos y franceses, con largas descripciones en las que se daba cuenta del más nimio detalle que afectase al paisaje, a la disposición de una habitación o a los vericuetos de un alma humana. Luego, a medida que escribía, la narración me imponía una novela más contenida, doscientas, trescientas páginas, de esas que se leen de dos o tres sentadas (a cien páginas por sentada). Después vislumbré una novela corta, una distancia que me gustaba como lector. Pero a medida que el desenlace se acercaba, el cuento se me presentó como la mejor solución. Al final me ha salido esto.
Leo Mares. Sevilla, 2010.

15 de enero de 2010

El matrimonio

Nuestro problema es la comunicación, Marge. Demasiada comunicación.
Homer Simpson

La compleja brevedad del cuento

No he sido breve porque no he tenido tiempo.
Heinrich Heine

11 de enero de 2010

Una pequeña gran ilusión

De vuelta en Sevilla.
Me he encontrado en el buzón mi primer cheque por derechos de autor. La cantidad, irrisoria (más de lo que esperaba). La satisfacción, inmensa. Y es que escribir -Rosa Montero dixit- es resistir.