...estos años de creación rápida y comida literaria me sugieren símiles alimenticios: la novela puede ser poco hecha y el cuento debe estar bien cocido. La novela siempre engorda y el relato suele tener las calorías justas. La novela una vez abierta aguanta muy bien en la nevera y el cuento tiene que consumirse de inmediato. La novela lleva conservantes y el relato es pura fibra. La novela siempre consiente una recalentada, mientras que el cuento -como la película- «sólo se fríe una vez» [...] La novela quita el hambre y el cuento abre el apetito.
Recomendación:

Microcuentos que abren el apetito de la inquietud y el desasosiego. Un brillante homenaje a la literatura de terror.